¿Alguna vez, alguna vez pensaste en usarlo, enme? Teresa negó con la cabeza vigorosamente. Jamás, Miguel, jamás, ni siquiera en nuestros peores momentos, ni cuando estabas enfermo, ni cuando peleábamos, ni cuando los niños eran pequeños y todo era tan difícil. El dinero estaba ahí, pero yo nunca, nunca pude imaginarme la vida sin ti.
Entonces, ¿por qué lo guardaste durante tantos años? Teresa lo miró con ojos llenos de una tristeza infinita. Porque soy una cobarde, Miguel, porque nunca pude confiar completamente, ni siquiera en ti, que me demostraste todos los días durante 72 años que eras digno de toda mi confianza. Se quedaron en silencio durante varios minutos.
Miguel miraba la caja de dinero como si fuera una serpiente venenosa. Teresa lloraba silenciosamente, esperando el veredicto del hombre que había amado toda su vida. Finalmente, Miguel habló. “¿Sabes qué es lo que más me duele, Teresa?” Ella negó con la cabeza temiendo la respuesta. No es que hayas guardado el dinero, no es que hayas desconfiado de mí.
Lo que más me duele es que hayas cargado con esta culpa durante tantos años, que hayas vivido atormentada por algo que al final nunca hiciste. Teresa lo miró confundida. ¿Qué quieres decir? Miguel tomó las manos de Teresa entre las suyas, esas manos arrugadas que habían trabajado incansablemente durante décadas, que habían acariciado a sus hijos, que lo habían consolado en sus momentos más difíciles.
Quiere decir que guardaste dinero para huir, pero nunca huiste, que tuviste miedo, pero nunca dejaste que ese miedo fuera más fuerte que tu amor. que durante 72 años, todos los días, elegiste quedarte conmigo. Las lágrimas de Teresa cambiaron de naturaleza. Ya no eran lágrimas de culpa, sino de alivio.
¿No estás enojado conmigo? Miguel sonrió. Esa sonrisa que había enamorado a Teresa desde el primer día que lo vio en el mercado. Teresa, mi amor, mi vida entera, ¿cómo voy a estar enojado contigo por tener miedo? El miedo no es un crimen, mi amor. El miedo es humano. Se inclinó y le dio un beso en la frente.
Lo que me importa no es que hayas guardado dinero por si tenías que huir. Lo que me importa es que nunca lo usaste, que todos los días durante 72 años elegiste el amor por encima del miedo. Teresa sollozó, pero ahora eran soyosos de liberación. Te amo, Miguel. Te amé desde el primer momento y te voy a amar hasta después de la muerte.
Y yo a ti, mi Teresa, y ya no quiero que cargues ni un momento más con esta culpa. Miguel tomó la caja de dinero y la puso en las manos de Teresa. Este dinero es tuyo. Te lo ganaste con tu trabajo, con tu dedicación a esta familia. Y si alguna vez te hace sentir más segura tenerlo, entonces me alegro de que lo tengas. No lo quiero”, susurró Teresa.
“Nunca lo quise realmente, solo quería solo quería sentirme segura. Entonces, ya no lo necesitas”, dijo Miguel suavemente. Porque después de 72 años ya sabes que estás segura que nunca vas a estar sola, que siempre vas a tener alguien que te ame más que a su propia vida. Teresa sonrió por primera vez en meses.
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