Vivieron juntos por 70 años, uniendo sus almas en lo que todos creían un amor inquebrantable.

Los números bailaban frente a sus ojos borrosos por las lágrimas. En ese momento de desesperación, la voz de su padre resonó en su mente con más fuerza que nunca. Los hombres pobres siguen siendo pobres. Un día vas a necesitar algo y no vas a tener nada. Siempre vas a depender de otros.

Fue entonces cuando Teresa tomó una decisión que cambiaría el resto de su vida. Al día siguiente fue al banco y abrió una cuenta de ahorros a su nombre sin decirle nada a Miguel. depositó los 5 pesos que le habían sobrado después de comprar las medicinas de su esposo. Es solo por si acaso, se dijo a sí misma, solo una pequeña seguridad por si alguna vez la necesitamos. Cuando Miguel se recuperó y volvió al trabajo más fuerte y determinado que nunca, Teresa siguió guardando dinero en secreto.

Cada semana, cuando iba al mercado, apartaba unos pesos de lo que Miguel le daba para los gastos de la casa. Un peso aquí, 3 pesos allá, 5 pesos cuando había una pequeña ganancia extra. No era mucho y ella se justificaba diciéndose que era por el bien de la familia. ¿Qué pasaría si Miguel se enfermaba otra vez? ¿Qué pasaría si el negocio iba mal? ¿Qué pasaría si ella se quedaba viuda con cinco hijos que alimentar? La cuenta secreta creció lentamente, peso a peso, mes a mes, año tras año.

Teresa se volvió experta en economizar sin que Miguel se diera cuenta. Compraba la carne más barata y la preparaba de tal manera que parecía un manjar. remendaba la ropa con tal maestría que parecía nueva. Cultivaba más verduras en su jardín y compraba menos en el mercado.

Miguel, por su parte, seguía trabajando incansablemente para darle a su familia lo mejor que podía. Nunca sospechó que su esposa estaba guardando dinero a sus espaldas, porque en su mente todo lo que él ganaba era para la familia y todo lo que Teresa hacía era por amor. Los años 70 y 80 fueron décadas de crecimiento para la familia Hernández Morales.

Los hijos mayores empezaron a trabajar y a ayudar con los gastos de la casa. Miguel Aurelio se hizo maestro. Carmen Esperanza se casó con un comerciante próspero. José Aurelio siguió los pasos de su padre en la construcción. La casa se agrandó otra vez. Tuvieron un automóvil, un televisor, una estufa de gas.

Miguel cumplió todas las promesas que le había hecho a Teresa cuando eran jóvenes. Le dio una vida cómoda, hijos sanos, una posición respetable en la sociedad. Pero Teresa siguió guardando dinero en secreto. Era como una compulsión que no podía controlar. Cada peso que lograba ahorrar era como un pequeño escudo contra el destino incierto. En su cuenta secreta ya había varios miles de pesos, una fortuna considerable para una familia de clase media de aquellos tiempos.

¿Por qué sigues haciendo esto? se preguntaba a sí misma algunas noches cuando la culpa la desvelaba. Miguel ha demostrado que puede mantener a la familia. Nunca nos ha faltado nada importante. Pero entonces recordaba aquellos meses terribles después del accidente de Miguel, cuando habían estado al borde de perderlo todo, y la voz de su padre volvía a susurrarle. Nunca sabes lo que puede pasar.

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