A las 5:15 de la tarde salió cargando los paquetes. El Chucki apagó su cigarrillo y tomó las bolsas. ¿Cuánto es, doña? Lupita hizo el [música] cálculo en voz alta. 10 kg a 45 pesos. El kilo son 450. Las gorditas son 50es [música] en total son 500es completos. El Chucki le dio un billete de [música] 500 recién sacado del banco.
Gracias, doña, sus tortillas siempre son las mejores. Cargó todo a [música] la suburban, acomodando las bolsas en el asiento trasero con cuidado para que no se aplastaran. Arrancó el motor y se alejó. Lupita se quedó parada frente a su puesto, viéndola suburban desaparecer [música] entre el tráfico de avenida central. Cerró los ojos, pensó en dulce.
Ya viene, mi niña, ya falta poco. 8 de la noche, casa de seguridad de calle Pinos, número 47, 15 sicarios [música] reunidos en la sala principal. Había sillas de plástico formando un círculo, cajas de cerveza corona y tecate apiladas contra la pared, un estéreo tocando corridos de Gerardo Ortiz. Sobre la mesa de centro había armas, cuernos de chivo, pistolas FN57, granadas de fragmentación, cargadores extras.
Era una exhibición de poder que el comandante rojo disfrutaba mostrar. El Chucki llegó con las bolsas de comida. Había pasado por la taquería El Gerüero en Avenida Central y compró [música] 5 kg de carnitas recién hechas, maciza, surtida, [música] cuerito. También traía dos bolsas de chicharrón prensado, cuatro botellas de refresco de2 L, salsa verde y roja en envases [música] de plástico y las tortillas de doña Lupita.
10 kg todavía tibios, perfectamente empacados. Llegó la cena, perros. El comandante rojo levantó su cerveza. Arriba el CJNG, cabrones. Esta plaza es nuestra y del que no le guste. Los 15 sicarios levantaron sus cervezas al mismo tiempo. Arriba. El sonido de las botellas chocando llenó la sala. Destaparon las bolsas de carnitas.
El olor a carne de puerco, grasosa [música] y especias llenó la casa. Sacaron las tortillas de sus envoltas. Estaban perfectas, suaves, flexibles, con ese olor característico a maíz nixtamalizado. Cada quien se preparó sus tacos [música] según su preferencia. El comandante se hizo ocho tacos enormes de maciza con salsa verde y cebolla picada.
El Chucki devoró [música] seis tortillas enrolladas con carnitas y chicharrón. Los sicarios más jóvenes competían por quién podía comer más. A ver quién se traga 15 tacos sin parar. Las tortillas desaparecieron rápido. Las gorditas de chicharrón se acabaron en 15 minutos. Para las 9 [música] de la noche ya habían consumido los 10 kg completos de tortillas envenenadas.
La reunión continuó. El comandante repartió dinero en efectivo, fajos de billetes de 500 y [música] 200 pesos en bolsas de plástico. Esta semana cobramos 80,000 de las tiendas, 50,000 de los mercados, 30,000 de los bares. Son 160,000. Les toca 12,000 a cada uno. El resto es para [música] gastos de la casa y para mandar arriba.
Los sicarios guardaron su dinero, siguieron bebiendo, planearon las extorsiones de la próxima semana, discutieron [música] qué negocios nuevos podían incorporar al cobro de cuotas. A las 11 de la noche, el flaco se levantó pálido. [ __ ] me siento mal. Caminó rápido hacia el baño. Los demás siguieron conversando sin prestarle [música] atención.
5 minutos después escucharon vómitos violentos. [ __ ] [música] flaco, no aguanta nada el cabrón. Se rieron. Pero a las 11:30 tres sicarios [música] más tenían los mismos síntomas: dolor abdominal, náuseas, sudor frío. El comandante rojo dejó de reír. ¿Qué [música] [ __ ] La carne estaba echada a perder. Pero él también empezaba a sentir calambres en el estómago.
A medianoche, ocho sicarios estaban retorciéndose en [música] el piso. Vómitos con sangre, diarrea incontrolable. Los baños estaban ocupados. Algunos vomitaban [música] en cubetas de plástico. Otros salían al patio a vomitar en el jardín. El pánico [música] comenzó a instalarse. Llamen al Dr. Chui, llamen a quien sea. El Chucki, que también estaba enfermo, pero todavía podía moverse, [música] marcó al médico clandestino.
“Doc, necesitamos que venga urgente. Hay varios compañeros muy graves.” El doctor Chui preguntó los síntomas. Cuando escuchó la [música] descripción, su voz cambió. Eso no es comida en mal estado, eso es intoxicación severa. Llamen a una ambulancia, yo no puedo manejar algo así.
Pero nadie quería [música] llamar a las autoridades. Una casa llena de sicarios, armas, drogas, dinero en efectivo. Sería arrestos masivos. [música] El comandante intentó dar órdenes, pero estaba demasiado débil. A las 12:30 de la madrugada, el piñas murió primero. Convulsionó durante 2 minutos tirado en el piso de la sala.
Espuma blanca salió de su boca. Sus ojos se pusieron en blanco. Dejó de respirar. El Chui aterrorizado, intentó reanimarlo con compresiones torácicas que había visto en películas. No funcionó. Este cabrón está muerto. Está muerto. El pánico se convirtió en caos. Los sicarios, que todavía [música] podían moverse intentaron salir de la casa, pero estaban demasiado débiles.
Cuatro más murieron entre la 1 y las 2 de la mañana. El comandante rojo, tirado en el piso de su [música] propia sala con el abdomen hinchado y vómito en su camisa, finalmente admitió lo obvio. Nos envenenaron. [música] Alguien nos envenenó. 2 de la mañana del 11 de junio. El Cholo, uno de los pocos [música] sicarios que no había comido tortillas porque prefería solo la carne, tomó la decisión de llamar al 911.
Estaba aterrorizado viendo a sus compañeros morir uno tras otro. Hay gente muriendo. Envíen ambulancias. Calle Pinos 47, [música] colonia las Américas. La operadora preguntó qué tipo de emergencia era. El cholo gritó desesperado, “¡No sé, están vomitando sangre, todos están [música] muriendo.” La llamada activó protocolos de emergencia.
Tres ambulancias de la Cruz Roja fueron despachadas. Al mismo tiempo, la operadora notificó a la Guardia Nacional porque la dirección [música] estaba marcada como zona de alta peligrosidad. Patrullas de la Policía de Investigación del Estado de México también fueron alertadas. En menos de 20 minutos, calle Pinos [música] estaba llena de vehículos de emergencia con luces rojas y azules, iluminando las fachadas de las casas.
Los paramédicos entraron a la casa y encontraron una escena de pesadilla.Seis cuerpos sin vida tirados en diferentes cuartos. Cinco hombres agonizando [música] con convulsiones, tres más apenas conscientes, armas por todas partes. En la cocina, paquetes de cristal [música] metanfetamina envueltos en plástico.
Sobre la mesa del comedor, fajos de billetes apilados. Era evidentemente una casa de seguridad del crimen organizado. Los paramédicos [música] trabajaron rápido intentando estabilizar a los sobrevivientes, colocaron vías intravenosas, administraron suero, intentaron controlar los vómitos, pero tres de los cinco agonizantes [música] murieron antes de poder ser trasladados.
Los dos que quedaban vivos, incluyendo a el comandante rojo, fueron subidos a ambulancias y trasladados al hospital general de Ecatepec, bajo custodia de la Guardia Nacional. El comandante sobrevivió, pero apenas. Su cuerpo había resistido porque era más grande y corpulento que los demás. Los médicos trabajaron toda la madrugada para salvarle la vida.
falla renal aguda, daño hepático severo, shock hipobolémico, requirió diálisis de emergencia. Cuando finalmente se estabilizó, quedó consciente, pero devastado. Sus riñones habían sufrido daño permanente. Necesitaría [música] diálisis de por vida. De vuelta en la Casa de Seguridad, los agentes de la Policía [música] de Investigación aseguraron la escena.
Encontraron más de 800,000 pes en efectivo, 2 kg de cristal. 1 kil de cocaína, 16 armas de fuego, municiones, granadas. También encontraron los restos de la cena, platos sucios [música] con restos de carnitas, bolsas de papel estrasa vacías y varias [música] tortillas a medio comer todavía tibias en canastas de plástico.
Un médico forense de la Cruz Roja reportó a la fiscalía. [] Todos presentan síntomas de intoxicación severa. No es comida [música] en mal estado, parece envenenamiento deliberado. Un investigador de [música] la PDI revisó las bolsas de papel donde habían venido las tortillas. Una de ellas tenía [música] un sello de tinta azul apenas visible.
Tortillería Lupita, Av Central. Los investigadores recogieron muestras de las tortillas restantes, los platos, los restos de comida. Todo fue etiquetado como evidencia y enviado al laboratorio toxicológico de la Fiscalía General del Estado de México. Los análisis preliminares detectaron [música] altas concentraciones de risina, un alcaloide tóxico derivado de las semillas de risino.
Era uno de los venenos naturales más potentes conocidos, sin antídoto específico, mortal en dosis pequeñas. Para el amanecer del 11 [música] de junio, los investigadores ya tenían un sospechoso claro, la dueña del puesto de tortillas identificado en las bolsas. Cruzaron el nombre con registros del padrón municipal.
Guadalupe Morales Vázquez, 68 años, viuda, residente de la colonia San Cristóbal, operadora de un puesto de tortillas en avenida central esquina con Morelos desde 1977, sin antecedentes penales, sin historial de violencia. Pero cuando los [música] investigadores revisaron casos recientes de muertes por intoxicación en Ecatepec, encontraron el patrón.
Siete hombres entre [música] marzo y mayo, todos con síntomas idénticos, todos vinculados al crimen organizado. [] Todos habían comprado comida en la misma zona de avenida central. Las cámaras de seguridad que el CJNG había instalado [música] en los comercios se convirtieron en evidencia en su contra. Las grabaciones mostraban a las víctimas [música] comprando en el puesto de Lupita.
15 de junio, 6 de la mañana, Lupita [música] abrió su puesto como siempre, encendió el comal, comenzó a preparar la masa del día. No sabía que la estaban [música] buscando. No sabía que la evidencia forense ya había confirmado que las tortillas [música] contenían veneno. No sabía que tres patrullas de la policía de investigación y una camioneta [música] de la Fiscalía General estaban en camino.
A las 8:30 de la mañana, los vehículos llegaron. Se estacionaron [música] bloqueando avenida Central. Seis agentes con chalecos [música] antibalas y armas largas bajaron. El agente a cargo caminó hacia el puesto. Lupita [música] estaba amasando con las manos cubiertas de harina. ¿Usted es Guadalupe Morales Vázquez? Lupita no levantó la vista.
Sí, señor. Gusta unas tortillitas. Queda detenida por homicidio múltiple calificado. Lupita dejó de amasar. Se limpió las manos en su mandil floreado lentamente. No mostró sorpresa. No intentó huir. ¿Me permite despedirme de mi puesto? El agente asintió. Lupita [música] tocó el comal caliente con la palma de su mano derecha sin importarle la quemadura.
Besó la fotografía de Dulce pegada en la pared de lámina del puesto con cinta adhesiva. Ya descansa, mi niña. Ya pagaron. La esposaron. La subieron a la camioneta de la fiscalía. Los vecinos se aglomeraron en la calle. Algunos lloraban, otros grababan con sus celulares. Una señora gritó, “¡Esa es doña Lupita! [] Nopuede ser!” Lupita miró por la ventana de la camioneta mientras se alejaban.
Miró su puesto por última vez, 42 años de su vida en ese pedazo de lámina y metal. El cateo de la casa de Lupita reveló toda la evidencia [música] necesaria. Cuadernos de herbolaria de su abuela con recetas de venenos, frascos con extractos [música] vegetales. El cuaderno negro con 13 cruces y nombres con fechas, 2 kg de semillas [música] de risino sin procesar, la fotografía de dulce con veladora encendida.
El proceso judicial duró [] 2 años. La Fiscalía del Estado de México la acusó de 13 homicidios calificados con premeditación, alevosía y ventaja. Su defensa argumentó trastorno de estrés postraumático severo, legítima [música] defensa diferida ante el fallo del Estado, inimputabilidad por alteración mental temporal.
Los peritajes psiquiátricos fueron contradictorios. La acusada muestra disociación emocional compatible con duelo patológico. Sin embargo, su capacidad de discernimiento estaba presente. Sabía exactamente lo que hacía. No presenta rasgos psicopáticos. actuó motivada por venganza selectiva. El juicio se convirtió en debate nacional sobre justicia, venganza y el colapso del [música] sistema judicial mexicano.
En marzo de 2021, el juez dictó sentencia. Guadalupe Morales Vázquez, habiendo sido encontrada culpable de [música] 13 homicidios calificados, se le condena a 55 años de prisión sin posibilidad de reducción de pena. Si bien el dolor de la acusada es comprensible, ninguna tragedia justifica tomar la justicia por mano propia y arrebatar 13 vidas humanas, [música] independientemente de las actividades criminales de las víctimas.
Lupita miró al juez, lo volvería a hacer. Fue trasladada al Centro Femenil de Readaptación [música] Social Tepán en la Ciudad de México. A sus años sigue cumpliendo [música] condena. Su salida estimada es 2074. No vivirá para verla. El comandante rojo sobrevivió [música] con daño renal permanente.
Requiere diálisis de por vida. Fue sentenciado [música] a 80 años en Sereso Santiaguito de Almoloya. Su salida estimada es 2099. La célula del CJNG [música] Catepec fue desarticulada durante la investigación. Más de 20 [música] sicarios detenidos. La fiscalía los vinculó con 47 homicidios, 12 secuestros y más de 200 extorsiones. El control territorial colapsó [música] durante 6 meses.
La violencia aumentó temporalmente. Nuevas células ocuparon el territorio. El ciclo continuó. El puesto de Lupita permanece cerrado. Vecinos pintaron un mural rostro de Dulce [música] María con alas. Debajo, Dulce María Morales, 2007. No olvidamos. Las lluvias lo desgastan, los vecinos lo restauran. El caso generó debate nacional.
Heroína popular o asesina serial. Organizaciones de derechos humanos [música] señalaron, cuando el Estado falla, los ciudadanos toman medidas desesperadas. No podemos [música] celebrar la venganza, pero tampoco ignorar el abandono institucional. El gobierno no emitió declaraciones. La fiscalía [música] dijo, “La justicia por mano propia no es justicia.
En Tepepán, Lupita vive con rutina carcelaria. Una tarde, [] su compañera preguntó, ¿se arrepiente?” Lupita miró por la ventana. Cada noche le rezo a mi dulce. Le cuento que hice lo que pude, que los que le quitaron la vida ya no van a quitarle la vida a ninguna otra niña. Tal vez soy una asesina. Pero esos 13 ya no le van a hacer daño a nadie más.
Tocó su medalla de la Virgen. Y si Dios me juzga, [música] que me juzgue. Yo ya juzgué a los que mataron a mi niña. Si esta [música] historia te dejó pensando, suscríbete y activa las notificaciones para no perder el siguiente [música] capítulo. Antes de irte, deja en los comentarios desde qué ciudad o estado nos ves.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.