Encendía el comal, preparaba la masa del día, atendía a sus clientes habituales, pero ahora prestaba atención [música] obsesiva a cada rostro joven que pasaba en motocicleta, a cada tatuaje que asomaba bajo las mangas de las camisas, a cada conversación [música] que escuchaba cuando los sicarios se detenían a comprar. 42 años operando el mismo puesto, le habían dado un conocimiento enciclopédico del barrio.
Sabía quiénes eran locales y quiénes eran foráneos. Conocía las caras, los nombres, los apodos. Identificó a su [música] primer objetivo el 28 de marzo. Brian Uriel Sánchez, 22 años, apodado el Greñas por su cabello largo y descuidado.Sicario Raso del CJNG, encargado [música] de cobrar las cuotas de protección en los comercios de avenida central.
Lupita lo había [música] visto cientos de veces durante los últimos 3 años. Siempre llegaba en su motocicleta [música] Itálica Negra. Siempre llevaba puesta una camiseta sin mangas que dejaba ver un tatuaje [música] en su antebrazo derecho, las letras Z the en con una calavera debajo. Pero lo más importante era [música] que Lupita lo había visto el 12 de marzo.
Estaba en su puesto cuando escuchó las ráfagas de cuerno de chivo a ocho cuadras de distancia. Corrió hacia el lugar y en el camino vio pasar las dos motocicletas Yamaha huyendo a [música] toda velocidad por avenida central. El greñas conducía una de ellas. Lupita recordaba perfectamente su rostro detrás del pasamontañas a medio [música] subir, el tatuaje visible en su brazo, la forma en que aceleró haciendo rugir el motor mientras su compañero guardaba el AK47 entre [música] sus piernas.
El 28 de marzo a las 10:30 de la mañana, el Greñas llegó al puesto como cualquier otro día. Doña Lupita, me da un kilo [música] de tortillas y cinco gorditas de chicharrón con queso. Y que estén calientitas, ¿eh? Lupita sonrió [música] con la misma amabilidad de siempre. Ahorita mismo, mijo, para llevar. El greñas [música] revisaba su celular distraído. Sí, doña, tengo hambre.
Y hoy va a estar pesado el jale. Lupita se giró hacia sus canastas. Su mano derecha fue directamente hacia la canasta con trapo a cuadros rojos. Tomó exactamente 1 kil de tortillas envenenadas, todavía tibias del comal. Las pesó en su báscula mecánica para confirmar el peso [música] exacto.
Luego preparó cinco gorditas usando masa del mismo lote envenenado, rellenándolas con chicharrón prensado y queso Oaxaca derretido. Las envolvió cuidadosamente en papel aluminio para mantener el calor. Son 80 pesos, joven. El greñas sacó un billete de 100 pesos arrugado de su bolsillo. Quédese con el cambio, doña.
Usted siempre nos atiende bien. Lupita tomó el billete y lo guardó en su mandil. Gracias, mijo, que le vaya bien. El greñas guardó la bolsa en el [música] compartimento bajo el asiento de su itálica y se alejó acelerando. Lupita lo vio desaparecer entre el tráfico de avenida central, limpió sus manos en su mandil, regresó al comal y siguió atendiendo a sus otros clientes como si [música] nada hubiera pasado.
Pero dentro de su cabeza, una voz tranquila susurró uno. El Greñas llegó a la casa de seguridad [música] de calle Pinos número 47, cerca de las 6:30 de la tarde. Era una construcción de dos pisos con fachada de block sin pintar, rejas metálicas en [música] todas las ventanas y una puerta de metal reforzada.
Adentro vivían ocho sicarios [música] que operaban bajo las órdenes directas de el comandante rojo. Había colchones tirados [música] en el suelo, televisión de pantalla grande sintonizada en un canal de fútbol, cajas de cerveza [música] apiladas en la cocina, armas guardadas en un closet con candado. El Greñas entró cargando su bolsa [música] de tortillas y gorditas, traje cena, perros.
De la doña Lupita, las mejores tortillas de Ecatepec. Sus compañeros estaban jugando [música] FIFA en la PlayStation. Pásale, cabrón. Ahorita hacemos tacos [música] con lo que haya en el refri. El Greñas devoró cuatro gorditas él solo mientras veía el partido en la televisión. Usó las tortillas para [música] preparar tacos improvisados con jamón, queso y salsa Valentina que encontró en el refrigerador.
Están perronas estas tortillas. La vieja sí sabe hacer su chamba. A las 10 de la noche, el greñas [música] sintió el primer calambre en el estómago. Pensó que era por comer demasiado rápido. Media hora después, [música] el dolor se intensificó hasta volverse insoportable. Corrió al baño y vomitó violentamente.
Las arcadas eran tan fuertes que le dolían [música] las costillas. Cuando terminó, se quedó sentado en el piso del baño respirando con dificultad. “Pinche comida de la calle”, murmuró limpiándose la boca con papel. A las 11:30 de la noche comenzó la diarrea. Cada 15 [música] minutos tenía que correr al baño.
Sus compañeros se burlaban desde la sala. Gey, seguro comiste [música] algo echado a perder. Tómate un té de manzanilla y ya. Pero el té no ayudó. A medianoche, [música] el greñas notó que sus esces tenían sangre, mucha sangre. El dolor abdominal era tan intenso [música] que no podía mantenerse de pie.
se acostó en su colchón en posición fetal, sudando frío, temblando. A las 3 de la mañana empezaron las convulsiones. Su cuerpo se sacudía sin control. Espuma blanca salía de su boca. [música] Uno de sus compañeros, el Chucki, lo encontró tirado junto a su colchón con los ojos en blanco. [ __ ] este cabrón [música] se está muriendo. Llamaron al Dr.
Chui, un médico que había perdido su cédula por negligencia,pero seguía atendiendo de manera clandestina a sicarios, narcotraficantes y cualquiera que pagara en efectivo sin hacer preguntas. El Dr. Chuy llegó 40 minutos [música] después con su maletín negro desgastado. Revisó a Elgreñas [música] tomándole el pulso, revisando sus pupilas con una linterna de bolsillo palpando su abdomen hinchado.
Este muchacho tiene una intoxicación severa. Necesita un hospital, suero intravenoso, diálisis probablemente. Yo no puedo hacer nada aquí con lo que traigo. El Chui negó con la cabeza. No podemos llevarlo a un hospital, doc, usted sabe cómo es esto. Haga lo que pueda. El doctor Chui intentó hidratarlo con suero oral, le inyectó un antihemético para controlar los vómitos, le dio analgésicos para el dolor.
Nada funcionó. A las 5 de la mañana del 29 de marzo, Brian Uriel Sánchez, alias el Greñas, murió en el piso de la casa de seguridad. Su cuerpo había colapsado por falla renal aguda y shock hipobolémico causado por la pérdida masiva de líquidos. El Dr. Chui firmó un certificado de defunción falso indicando [música] intoxicación alimentaria aguda por bacteria no identificada.
La familia de Elgreñas, que vivía en la colonia Aragón en Nesawalcoyutlle [música] fue notificada esa misma mañana. Su madre exigió ver el cuerpo, pero el comandante rojo se negó. Señora, su hijo se intoxicó con [música] comida en mal estado. Ya está muy descompuesto. Es mejor que lo recordemos cómo era.
La cremaron ese mismo día en un horno clandestino que [música] operaba en Chimaluacán. Las cenizas fueron entregadas a la madre en una urna de cerámica barata comprada en un Copel. Lupita se enteró [música] de la muerte tres días después. Doña Chole, una vecina que vendía elotes en la esquina, le contó mientras compraba [música] tortillas.
Oiga, doña Lupita, ya supo que se murió uno de esos muchachos que andan en las motos. El greñas, [música] el que siempre pasaba por aquí. Dice que se intoxicó con comida de la calle. Lupita siguió amasando [música] sin levantar la vista. Qué tristeza tan joven. Dios tenga [música] misericordia de su alma. Esa noche, sola en su cocina después de que Patricia se durmió, Lupita sacó un cuaderno nuevo que había comprado en una papelería.
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