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“TORTILLERA JUSTICIERA” DE ECATEPEC: GUADALUPE MORALESS ENV3N3NÓ A MÁS DE 13 SICARIOS DEL CJNG.

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Lupita pasó debajo de esa manta cada día rumbo a su puesto. La leyó [música] completa cada vez memorizó cada letra y cada vez que la leía algo dentro [música] de ella se endurecía un poco más. 16 de marzo de 2019. Panteón municipal San Lorenzo, Tetxtac. Dulce María fue enterrada en [música] un ataúd blanco infantil con manijas doradas.

La vistieron [música] con su uniforme escolar porque así lo pidió Lupita, que la entierren como lo que era. Una niña que iba a la escuela, que hacía su tarea, que soñaba con ser enfermera. Una corona de flores blancas con un listón morado llevaba la inscripción. Descansa en paz, mi ángel. tu abuela Lupita.

[música] 200 personas asistieron al funeral. Vecinos del barrio, compañeros de secundaria con sus uniformes, maestros [música] llorando en silencio, comerciantes de avenida central que cerraron sus negocios por [música] dos horas para acompañar a la familia. Todos sabían quién había matado a Dulce. Todos sabían que los responsables seguían operando [música] libremente en las mismas calles donde la niña había crecido. Nadie decía nada.

El miedo en Ecatepec tiene raíces más profundas [música] que cualquier árbol del cementerio. Lupita no lloró durante la ceremonia. Su rostro era una máscara de piedra, ojos secos, mandíbula apretada, manos entrelazadas sobre su regazo. Patricia, su hija, soyosaba desconsolada junto a ella. Los hermanos de Lupita, que vivían en Estados Unidos, [música] no pudieron viajar por problemas migratorios.

El padre Anselmo de la Iglesia [música] de San Cristóbal ofició un responso breve. Dios recibe en su reino a los inocentes que parten antes de tiempo. Dulce María está ahora libre de este mundo de dolor y violencia. Cuando el ataúd a la fosa, Patricia se derrumbó gritando. Dos vecinas tuvieron [música] que sostenerla para que no se tirara dentro del hoyo.

Lupita se quedó parada al borde, mirando fijamente la caja blanca que contenía [música] el cuerpo de su nieta. Durante el responso, mientras el padre hablaba sobre el perdón y la misericordia divina, Lupita miró la fotografía de [música] dulce colocada sobre el ataúdurró algo que nadie más escuchó. Te lo juro por Dios y por tu mamá que esto no se queda así, [música] mi niña. Te lo juro.

Esa noche, después de que todos se fueron, después de que Patricia se quedó dormida, sedada por los tranquilizantes que le recetó el médico del centro de salud, Lupita entró al closet [música] que había pertenecido a su madre fallecida. Movió cajas de [música] zapatos viejos, ropa que ya nadie usaba, bolsas de plástico llenas de fotografías [música] descoloridas.

Al fondo, debajo de tres cobijas comidas por la polilla, encontró una caja de lata oxidada del tamaño de [música] una caja de zapatos. La abrió sentada en el piso de su recámara con la puerta cerrada. Adentro había cuadernos [música] escritos a mano por su abuela curandera, que había fallecido en 1998 a los 108 años de edad.

Las páginas amarillentas olían a humedad y hierbas secas. estaban organizadas por temas, remedios para el empacho, tes para calmar nervios, pomadas para dolores de huesos, aguas para limpias espirituales. Lupita pasó las hojas lentamente hasta llegar a la última sección marcada con una cruz negra dibujada con tinta café.

El título decía Plantas que [música] quitan la vida. Su abuela había escrito con letra temblorosa pero legible. Risino, risinus comunis, higuerilla. Las semillas molidas matan en dos días. Ocho semillas bastan adulto. Síntomas. Vómito violento, sangre en esceses, dolor de vientre insoportable.

Parece cólera o intoxicación natural. Nadie sospecha. Mis ancestros zapotecos lo usaban contra los conquistadores que violaban a nuestras mujeres. Otra página hablaba del Tolo H. Daturas [música] Tramonium, hierba del [ __ ] causa locura antes de matar. Los españoles le temían más que a las flechas. Una tercera [música] mencionaba la Adelfa, Nerio o Leander.

Flor bonita pero veneno fuerte, hervida en [música] agua, detiene el corazón en horas. Los antiguos la ponían en el agua de los enemigos. Lupita [música] leyócada página tres veces. Memorizó cantidades, tiempos de [música] preparación, síntomas, formas de administración. Su abuela había sido curandera, pero también había sido guardiana de conocimientos prohibidos que se transmitían de generación en [música] generación desde tiempos prehispánicos.

21 de marzo, 5 días después [música] del funeral, Lupita reabrió su puesto de tortillas. Los vecinos se sorprendieron de verla de vuelta tan pronto. “Doña Lupita no quiere tomarse [música] más tiempo”, le preguntó don Chepe el carnicero. Ella negó con la cabeza mientras encendía el comal. “El trabajo me ayuda a no pensar y además necesito el dinero para pagar el terreno del panteón.

” Pero sus manos ya no temblaban como antes. Su mirada estaba vacía de una forma que inquietaba a quienes la [música] conocían desde hacía décadas. Esa misma tarde, Lupita tomó [música] el metro hasta la terminal Pantitlán y de ahí un microbús hacia el centro histórico de la Ciudad de México. Bajó en la [música] calle República de Colombia y caminó hasta el mercado de Sonora, famoso por vender plantas medicinales, [música] amuletos, hierbas de todo tipo.

Recorrió los pasillos estrechos entre puestos repletos [música] de raíces secas, flores deshidratadas, semillas en costales de yute. encontró lo que buscaba en un local atendido por una anciana oaxaqueña [música] que mascaba chicle de copal. “Señora, ¿tiene semillas de risino?” La anciana la miró con ojos [música] entrecerrados. “Higuerilla, sí tengo.

¿Para qué las necesita?” Lupita había preparado la respuesta. “Mi comadre tiene problemas de estreñimiento [música] muy fuertes. Me dijeron que el aceite de risino ayuda.” La anciana asintió. El aceite sí se usa para eso, pero tiene que saber prepararlo bien porque las semillas son tóxicas si se comen directas. Lupita compró 2 kg de semillas por 300 pesos.

Nadie le pidió identificación, nadie preguntó nada más. Lupita convirtió la pequeña cocina de su casa [música] en un laboratorio silencioso. Trabajaba de madrugada entre las 2 y las 5 de la mañana cuando Patricia dormía profundamente [música] en la habitación contigua. Colocó las semillas de risino sobre un plato hondo y comenzó a triturarlas con el molcajete de piedra volcánica que había heredado de su madre.

El sonido rítmico [música] del tejolote contra la piedra era lo único que rompía el silencio de la noche. Siguió las instrucciones [música] del cuaderno de su abuela al pie de la letra. Trituró hasta obtener un polvo fino color café claro. Luego hirvió ese polvo en una olla pequeña con cal disuelta en agua, la misma cal que usaba para nixtamalizar el maíz de sus tortillas.

La mezcla despedía un olor amargo que Lupita neutralizaba quemando incienso de copal. Redujo el líquido durante dos horas a fuego lento hasta obtener una pasta espesa y concentrada. Según los cálculos de su abuela, esa concentración era 10 veces más potente que el veneno natural de las semillas. Para ocultar el sabor amargo, mezcló la pasta con [música] especias comunes, comino tostado molido, chile guajillo en polvo, una pizca de sal.

El resultado era una sustancia que podía incorporarse a la masa de tortillas sin alterar significativamente el sabor. 8 g de esa preparación, [música] mezclados en 1 kg de masa, eran suficientes para matar a dos personas adultas. Los síntomas aparecerían entre 6 y 24 horas después del [música] consumo. Dolor abdominal intenso, vómitos incontrolables, diarrea con sangre, falla renal, convulsiones, muerte.

Lupita guardó la preparación en un frasco de vidrio con tapa hermética [música] escondido al fondo del refrigerador detrás de los envases de salsa y frijoles. Etiquetó el frasco [música] como adobo para carnitas para evitar sospechas. Luego desarrolló [música] un sistema de sus tortillas. Compró canastas de mimbre idénticas [música] en el mercado de San Cristóbal.

Una la forró con un trapo de cocina blanco, la otra con un trapo a cuadros [música] rojos y blancos. Las tortillas normales irían en la canasta [música] con trapo blanco, las tortillas envenenadas en la canasta con trapo a cuadros rojos. Durante dos semanas, Lupita [música] observó. Llegaba a su puesto a las 4 de la mañana como siempre.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

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