signos vitales estables, actividad cerebral mínima y ausencia de movimiento físico.
Cuando la quinta enfermera, Laura Campos , llegó a su consultorio llorando, blandiendo una prueba positiva y jurando que no había visto a nadie en meses, Ricardo se dio cuenta de que algo verdaderamente inexplicable estaba sucediendo.
Presionado por la dirección del hospital y temiendo un escándalo, decidió actuar.
Un viernes por la noche, tras terminar el último turno, entró solo en la habitación 312-B y discretamente colocó una pequeña cámara oculta en un ventilador, apuntando hacia la cama del paciente.
Luego salió con una sensación de frío, como si estuviera a punto de abrir una puerta que nunca debió haber abierto.
El final: La grabación y el pánico
A la mañana siguiente, el Dr. Menezes regresó antes del amanecer.
Con el corazón latiéndole con fuerza, se encerró en su consultorio y reconectó su memoria con las grabaciones.
Durante varios minutos, no ocurrió nada; solo se oía el zumbido de las máquinas.
Hasta que algo se movió.
A las 3:42 a. m., las luces de la habitación parpadearon.
Mark, inmóvil durante años, abrió lentamente los ojos .
Sus brazos comenzaron a levantarse, rígidos, de forma antinatural.
El monitor cerebral mostró un repentino aumento de actividad.
Pero lo que siguió hizo que Ricardo se apartara de la pantalla horrorizado:
la figura de Marcos pareció partirse en dos : una sombra translúcida, idéntica a la suya, se alzó del cuerpo y se acercó a la enfermera, que dormía, sentada junto a la cama.
La aparición le tocó el hombro... Y ella se estremeció, aún dormida.
Un resplandor azulado llenó la habitación, y unos segundos después, todo volvió a la normalidad.
Marcos seguía inmóvil, inconsciente.
Ricardo quedó paralizado.
Volvió a ver el video una y otra vez, incapaz de aceptar lo que veía.
Pero cuando vio que el mismo fenómeno se repetía noches anteriores, siempre con enfermeras diferentes, supo que debía actuar .
Temblando, llamó a la policía y entregó las grabaciones.
Unos días después, sellaron la habitación 312-B.
Marcos Ribeiro fue trasladado a un pabellón de aislamiento.
Ningún informe oficial explicó jamás lo sucedido.
El hospital alegó una "falla técnica".
Pero el Dr. Menezes renunció, abandonó la medicina y nunca más fue visto.
Dicen que, hasta el día de hoy, la habitación 312-B permanece vacía .
Y en la tranquilidad de las mañanas, la luz roja del monitor sigue parpadeando, aunque no haya nadie en la cama.
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