Miré el papel.
Y sentí que el mundo se detenía.
$983,000 pesos.
Casi un millón.
Me quedé sin aire.
Pensé que estaba leyendo mal.
Volví a mirar.
El número no cambió.
—¿Quién… quién depositó este dinero? —pregunté con voz temblorosa.
La cajera giró la pantalla hacia mí.
Había un nombre que conocía demasiado bien.
RAFAEL.
Transferencias mensuales.
Durante cinco años.
Sin fallar una sola vez.
Regresé a casa en silencio.
Esa noche no dormí.
Solo miré el techo, llorando.
Recordé su mirada triste.
Sus silencios extraños.
Las noches en que se quedaba despierto creyendo que yo dormía.
¿Y si… no me había dejado porque no me amaba?
Necesitaba respuestas.
Al día siguiente viajé al pueblo donde vivía su hermana mayor, Doña Teresa, en Michoacán.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.