“Señor Navarro”, dijo al final, “Esta situación no puede continuar así sin una figura legal. está en un limbo jurídico. Lo que usted hizo al firmar como padre es grave, pero entiendo que lo hizo por el bienestar inmediato del niño. Manuel se tensó. Entonces, ¿qué procede? Laura lo miró fijamente. Podemos iniciar un proceso para asignar custodia temporal. Es la mejor opción si desea mantenerlos con usted mientras resolvemos su situación legal, pero debe comprometerse a asumir ciertas responsabilidades. ¿Cuáles?
Inscripción escolar, revisiones médicas, alimentación estable, vivienda segura y sobre todo presencia. No es solo firmar papeles, señor Navarro. Él asintió lentamente. Lo haré. Los días siguientes fueron una mezcla de caos y rutina. Manuel intentaba regresar a sus juntas, pero terminaba saliendo antes por algún problema en casa. Daniela no quería comer si no estaba cerca. Miguel lloraba cuando una niñera intentaba tocarlo. Víctor simplemente lo seguía a todas partes como un patito de goma. Una mañana, mientras trataba de leer informes en su oficina de casa, Daniela se acercó con un cuaderno viejo.
Puedo escribir aquí. preguntó tímida. Claro. ¿Qué vas a escribir? Un cuento. Quiero inventar un lugar donde mi mamá todavía vive. Manuel la miró en silencio. Sintió un nudo en la garganta que no supo cómo tragar. ¿Te puedo pedir algo? Agregó ella. Dime. No me mientas. Si nos vas a dejar, avísame antes. No quiero que mis hermanos se encariñen contigo. Si no vas a quedarte. No tuvo palabras. solo asintió. Y esa noche, por primera vez en años, Manuel no pudo dormir.
Las cosas empezaron a cambiar. Daniela ya no se sentaba en el suelo, ahora usaba el sofá, aunque aún dormía con sus hermanos por costumbre. Miguel ya balbuceaba sus primeras palabras y Víctor había aprendido a decir Manu cuando quería que Manuel lo cargara. A veces, en medio del desayuno, Daniela soltaba pequeñas sonrisas, no muchas, no por mucho tiempo, pero ahí estaban. Manuel las notaba y también notaba cómo le dolía menos el silencio del departamento, como el ruido de los niños le llenaba un espacio que no sabía que tenía vacío.
Una tarde, mientras acomodaban ropa limpia, Daniela se sentó junto a él en la alfombra. Llevaba una blusa nueva que había escogido ella misma, color amarillo. “Gracias”, dijo en voz baja, “por la ropa, por no llevarnos al dif como hacen con otros niños. Yo sé que tú no eres nuestro papá.” Manuel la miró sorprendido. “¿Desde cuándo lo sabes?” “Desde el primer día. Mi papá murió cuando era bebé. Mi mamá nunca habló de ti. Hubo un silencio largo. Ella jugaba con el cordón de su pantalón.
No pedí ayuda antes porque pensé que nos iban a separar. Siempre separan a los hermanos. Yo no podía dejar solos a Miguel y Víctor. Manuel tragó saliva. Esa niña con 11 años cargaba sobre sus hombros el peso de una vida que nadie debería soportar tan joven. “No los voy a separar”, dijo él con una seriedad que lo sorprendió a sí mismo. Ella lo miró con una mezcla de duda y esperanza. “¿Lo juras? Lo juro, así piensas. Pero fuera de esas cuatro paredes, el mundo no esperaba.
La empresa de Manuel Navarro Holdings enfrentaba una negociación clave con un socio internacional, una fusión que llevaba meses preparando y él, que siempre había sido puntual, afilado, implacable, ahora llegaba tarde, cancelaba juntas, no respondía correos. Una mañana, mientras salía corriendo con Miguel en brazos por una reacción alérgica, perdió la videollamada más importante del mes. Su asistente, Leticia, lo recibió en la oficina con cara de funeral. Perdimos el contrato con los coreanos. Dicen que ya no confían en la estabilidad de la empresa.
Manuel soltó un suspiro y se dejó caer en su silla. Y y eso es todo lo que vas a decir, Leticia se acercó con los brazos cruzados. Llevaba años trabajando con él. Había visto cómo construyó un imperio desde cero, cómo sacrificó familia, salud y hasta su juventud por esa empresa. Te están dando una elección, Manuel, o regresas o te haces a un lado. Él no respondió. Estás perdiendo tu compañía, añadió Leticia más suave. Tal vez debas pensar si puedes seguir con los niños.
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