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SOY VIUDA Y TÚ ERES ESTÉRIL, CÁSATE CONMIGO MAÑANA… DIJO LA MAMÁ DE 8 HIJOS

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—¿Usted aguanta?

Héctor sintió el desafío como una bofetada suave.

—No lo sé —respondió, honesto—. Pero sé que quiero intentarlo.

Citlali se asomó por la puerta, curiosa.

—¿Usted tiene juguetes?

Héctor, sin querer, sonrió.

—Tengo… espacio —dijo—. Y una caja con cosas viejas. Podemos ver.

El bebé Benjamín, desde los brazos de Ximena, estiró una manita hacia la barba de Héctor y se rió con una sonrisa enorme, como si acabara de elegirlo.

—Ya lo escogió —anunció Citlali, seria—. Benja solo sonríe así a la gente buena.

Héctor sintió algo abrirse en el pecho. Algo que llevaba años cerrado por miedo.

El viernes, a las dos, Héctor estaba en el zócalo esperando. Mariana llegó puntual, con los ocho, todos con su “ropa de domingo” aunque fuera ropa remendada.

—¿Entonces? —preguntó ella, sin rodeos.

—Acepto —dijo Héctor—. Pero con condiciones.

Mariana levantó la barbilla.

—Dígalas.

—Un mes de prueba —enumeró—. Si no funciona, se habla con respeto y sin rencores. Dos: los niños siguen estudiando. Tres: reglas claras en la casa. Cuatro: honestidad total entre nosotros.

Mariana extendió la mano.

—Acepto.

Se estrecharon la mano ahí mismo, con el pueblo mirando como si fuera teatro. Pero para Héctor, fue más bien un salto.

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