Sin embargo, hay un factor nuevo que juega en contra de estos viejos trucos. La presencia china no es solo comercial, es también de inteligencia cibernética. Por primera vez, el gobierno colombiano cuenta con la asesoría tecnológica de alto nivel para detectar y neutralizar las operaciones de guerra híbrida.
Estamos ante una batalla de inteligencias en el corazón de los Andes y el resultado definirá. Si Colombia se consolida como una potencia media autónoma o si se hunde en una nueva era de violencia patrocinada desde el norte. Lo que es seguro es que el mapa de poder que conocíamos ayer ha sido borrado y el nuevo mapa se está dibujando con caracteres chinos y con la dignidad recuperada de un pueblo que decidió no arrodillarse ante la extorsión imperial, demostrando que la soberanía no es un discurso vacío, sino una práctica
material de alianzas inteligentes. Amigos, la situación ha escarado a un nivel de complejidad que hace que la crisis de los misiles de Cuba parezca un ejercicio de diplomacia infantil. Porque al consolidarse la alianza logística entre Colombia y China, el epicentro del conflicto se ha desplazado inevitablemente hacia el punto más sensible de la seguridad nacional estadounidense, que es el Canal de Panamá.
Lo que estamos viendo en estas últimas horas es una presión brutal y despiadada de Washington sobre el gobierno panameño para que cierre el paso a los buques mercantes chinos que provienen de los puertos colombianos, activando una cláusula oscura de los tratados de neutralidad que permite a Estados Unidos intervenir unilateralmente si considera que la seguridad del canal está en peligro.
El dilema para Panamá es existencial. Si ceden a la presión de Trump y bloquean a la flota de Costco Shipping, estarían violando su propia Constitución y suicidándose económicamente, porque China es el segundo mayor usuario del canal y el principal proveedor de la zona libre de Colón. Pero si se niegan, se enfrentan a la posibilidad real de una reocupación militar estadounidense de la zona del canal, bajo el pretexto de proteger la ruta comercial global de la influencia maligna de una potencia extranjera.
Mis fuentes en la ciudad de Panamá me informan que hay marines estadounidenses en estado de alerta máxima en las bases de Florida, listos para desplegarse, para asegurar las exclusas en menos de 4 horas. Pero aquí es donde la estrategia de Petro y la alianza del escudo logístico muestra su verdadera genialidad.
Al activar el corredor interoceánico seco en Colombia, esa red de trenes de alta velocidad entre el Pacífico y el Atlántico, han creado una ruta alternativa que rompe el monopolio estratégico de Panamá por primera vez en un siglo. Estados Unidos ya no puede estrangular el comercio entre los dos océanos simplemente controlando Panamá, porque ahora existe una válvula de escape en Colombia protegida por China.
Esto devalúa el activo estratégico más importante que Estados Unidos ha tenido en el hemisferio desde 1914. Y eso es algo que el imperio no puede perdonar. Ante la imposibilidad de detener los trenes y los barcos con leyes, la CIA ha activado lo que yo llamo la fase dos de la doctrina del caos, que es el sabotaje industrial y la guerra híbrida dentro del territorio colombiano.
Noche se reportaron explosiones simultáneas en tres torres de energía que alimentan la nueva línea férrea cerca de Cali y un ataque cibernético masivo contra el sistema de aduanas de Buenaventura que intentó borrar los registros digitales de la carga china. Estos no son accidentes, son operaciones de denegación de área diseñadas para enviar un mensaje a las aseguradoras internacionales.
Si invierten en la infraestructura de la alianza, van a perder su dinero, porque nosotros vamos a volar las vías. Sin embargo, la respuesta de la alianza fue inmediata y militarizada, demostrando que habían anticipado este movimiento. El gobierno colombiano ha desplegado batallones de alta montaña para custodiar cada kilómetro de la vía férrea, pero lo más sorprendente es la presencia de contratistas de seguridad privada chinos, empresas que en realidad son divisiones desmovilizadas del Ejército Popular de Liberación que están operando drones de
vigilancia térmica sobre la infraestructura crítica. Esto eleva el riesgo para los saboteadores financiados por la CIA. Ya no se enfrentan a policías locales mal equipados, se enfrentan a operadores de fuerzas especiales que tienen orden de tirar a matar para proteger la inversión. Richard Wolf analiza esto como la internacionalización definitiva del conflicto civil colombiano.
Durante décadas la guerra fue entre el estado y las guerrillas. Ahora la guerra es entre los proxis de Estados Unidos que intentan destruir la infraestructura emergente y la alianza estatal sino colombiana que intenta construirla. Es la lucha de clases llevada al terreno de la logística. El capital estadounidense quiere mantener el subdesarrollo para controlar los recursos.
El capital chino y el Estado colombiano quieren desarrollar la infraestructura para acelerar el comercio. Es una contradicción material que no se puede resolver con diálogo, solo con la victoria de uno de los dos modelos. En el frente interno de Estados Unidos, la pérdida de control sobre Colombia y la amenaza al canal de Panamá han provocado una fractura abierta en el establishment de seguridad nacional.
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