Amigos, si Donald Trump pensó que cortando el flujo de dólares y prohibiendo la importación de café iba a arrodillar a Colombia, cometió el error de cálculo más grave de su presidencia y quizás el error fatal que termine con la hegemonía estadounidense en el Caribe. Porque lo que ha sucedido en las últimas 24 horas en Bogotá no es una rendición, es un contraataque estratégico que deja a Washington sin opciones militares viables.
sin disparar un solo tiro. A las 10 de la mañana, hora de Colombia, Gustavo Petro, acompañado por una delegación de alto nivel de China y con la presencia virtual de los líderes de la CELAC, ha anunciado la creación de la alianza del escudo logístico soberano. Pero esto no es un simple acuerdo de papel, es la reconfiguración física del comercio mundial en el hemisferio occidental.
La medida central de esta alianza es la activación inmediata del corredor interoceánico seco, una red ferroviaria y de carreteras de alta velocidad que conecta el puerto de Buenaventura en el Pacífico con los puertos del Caribe colombiano, pero operada bajo una jurisdicción especial compartida con empresas estatales chinas.
Richard Wolf analiza esto como el jaque mate definitivo a la doctrina Monroe porque al firmar este acuerdo, Colombia ha entregado la operación de sus puertos clave a Costco Shipping, la gigante naviera estatal de China, bajo un contrato de abastecimiento estratégico de emergencia. Esto significa que a partir de hoy, cualquier barco que entre o salga de Buenaventura o Cartagena, llevando alimentos o medicinas, está bajo la protección legal y logística de la bandera china.
El genio de esta jugada radica en que utiliza la propia agresividad de Trump en su contra. Estados Unidos bloqueó las importaciones colombianas pensando que Colombia dependía del consumidor estadounidense, pero Petro ha respondido cambiando de cliente. En el mismo discurso se anunció que la totalidad de la cosecha de café y flores que Estados Unidos rechazó ayer ha sido comprada por adelantado por un consorcio de empresas estatales de Shangai y Handón para ser distribuida en el mercado asiático.
Los barcos chinos ya están en camino para recoger la carga. Colombia no perdió un centavo, simplemente cambió de norte a este. Pero el aspecto más aterrador para el Pentágono es el café, es el combustible. Ante el bloqueo de gasolina refinada que Estados Unidos impuso a Colombia como castigo, la alianza ha activado el mecanismo de intercambio energético con la Venezuela ocupada por la resistencia y con Brasil.
Y a qué viene la sorpresa. Petro ha anunciado que Colombia dejará de exportar petróleo a Estados Unidos, una medida que corta el suministro de crudo pesado que las refinerías de Texas necesitan desesperadamente y en su lugar enviará ese crudo a las refinerías de la India y China a cambio de gasolina refinada.
Esto deja a Estados Unidos en una posición imposible. Si la Marina de Estados Unidos intenta bloquear físicamente los barcos chinos que entran a los puertos colombianos, estaría iniciando un acto de guerra directa contra China. No una guerra comercial, sino una guerra naval en el Caribe. Algo para lo que Washington no está preparado ni política ni militarmente.
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