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Milei llama escoria al pueblo colombiano y PETRO le da una lección brutall

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Aunque públicamente mantendría la neutralidad institucional, en privado expresaba preocupación por el tono que estaba adquiriendo el debate internacional. Transcurrieron 48 horas desde el incidente en la ONU y lo que comenzó como un choque diplomático se había transformado en un fenómeno cultural y político que reverberaba mucho más allá de Colombia y Argentina.Colombia se niega a aceptar vuelo de deportación de EE.UU.

En las principales capitales latinoamericanas, el enfrentamiento entre Petro y Miley se analizaba como un símbolo de la disyuntiva que enfrentaba la región. confrontación polarizada o diálogo respetuoso entre diferentes visiones. En Bogotá, el presidente Petro había convocado a un inusual Consejo de Ministros ampliado, al que invitó no solo a su gabinete, sino también a representantes de la oposición, empresarios, académicos y líderes sociales.

La reunión transmitida en vivo por los canales oficiales sorprendió a muchos por su tono conciliador. “Lo que ocurrió en Nueva York nos brinda una oportunidad”, explicó Petro a los asistentes. No para profundizar divisiones, sino para recordar que más allá de nuestras diferencias ideológicas, todos compartimos una identidad fundamental como colombianos.

El mandatario, conocido por su retórica a veces combativa, mostraba ahora un rostro diferente. Sin abandonar sus convicciones, extendía puentes hacia sectores que habitualmente lo criticaban. Propongo que este momento sea un punto de inflexión, que el insulto que recibimos como nación nos sirva para reflexionar sobre cómo nosotros mismos nos tratamos.

Cuántas veces llamamos escoria a nuestros compatriotas por pensar diferente, cuántas veces deshumanizamos al adversario político. María Fernanda Cabal, senadora de derecha y una de las críticas más acérrimas de Petro, pidió la palabra. Los asistentes contuvieron la respiración anticipando un enfrentamiento. Presidente, usted sabe que tenemos diferencias irreconciliables en muchos temas, comenzó Cabal con su característico tono directo.

Pero hoy debo reconocer que su respuesta a mi ley fue la de un jefe de estado. Defendió la dignidad de todos los colombianos, incluidos quienes no votamos por usted. El momento captado por las cámaras se volvió instantáneamente viral. Era una imagen poderosa. Dos figuras antagónicas de la política colombiana encontrando un espacio mínimo de acuerdo precisamente en la defensa de la dignidad nacional.

Mientras tanto, en Buenos Aires, mi ley enfrentaba una situación cada vez más complicada. Lo que inicialmente presentó como un malentendido se había convertido en una crisis diplomática y política. El Senado argentino, donde el presidente no contaba con mayoría, aprobó una declaración lamentando sus palabras y reafirmando los lazos históricos de hermandad con el pueblo colombiano.

Más preocupante aún para mi ley, importantes sectores empresariales expresaban su inquietud. La Cámara de Comercio Argentino Colombiana emitió un comunicado advirtiendo sobre los graves riesgos para las relaciones económicas bilaterales y urgiendo al gobierno a reconstruir los puentes diplomáticos. En su despacho de la Casa Rosada, Miley discutía acaloradamente con sus asesores más cercanos.

Las filtraciones a la prensa sugerían profundas divisiones en su equipo. “No puedo disculparme, sería mostrar debilidad”, insistía mi ley, según fuentes cercanas citadas por el diario Clarín. “Señor presidente, esto ya no es una cuestión ideológica, sino de interés nacional”, replicaba su ministro de economía. “Colombia es nuestro cuarto socio comercial en la región.

Esta crisis podría costar miles de empleos argentinos.” Finalmente, presionado por realidades económicas y diplomáticas, mi ley aceptó hacer un gesto, aunque sin llegar a una disculpa formal. En una breve declaración televisada, el presidente argentino aclaró, “Mis críticas iban dirigidas a ciertas políticas del gobierno colombiano, no a su pueblo, por el que siento profundo respeto.

Si mis palabras se interpretaron de otra manera, lamento la confusión.” Era una retractación a medias, cuidadosamente calibrada para no perder apoyo entre sus seguidores más radicales mientras intentaba desactivar la crisis diplomática. Para la mayoría de los observadores resultaba insuficiente. El verdadero golpe para Miley, sin embargo, llegó esa mismatarde.

Sin previo aviso, Petro anunció en Twitter, acabo de tener una conversación telefónica con el expresidente Macri. Hemos acordado organizar un foro empresarial colombo argentino para fortalecer nuestros lazos económicos más allá de las diferencias políticas. Mauricio Macri, predecesor de Alberto Fernández y principal figura de la oposición a mi ley, confirmó la noticia minutos después.

Agradezco al presidente Petro su invitación. Argentina y Colombia tienen mucho que ganar trabajando juntos. Las diferencias ideológicas no deben impedir la cooperación. Era una jugada magistral. Sin confrontar directamente, Petro había logrado aislar a Mile ley, incluso dentro de su propio espectro político argentino.

Al tender puentes con la oposición de centroderecha, demostraba que su disposición al diálogo era genuina, no una simple táctica. En los días siguientes, la narrativa internacional se consolidó. Petro había emergido como un estadista maduro, capaz de elevarse por encima de los insultos, mientras mi ley quedaba retratado como un líder impulsivo, atrapado en sus propias contradicciones.

El punto culminante llegó una semana después, cuando el presidente colombiano viajó a Buenos Aires para participar en el foro empresarial organizado junto con Macri. Las imágenes de Petro siendo recibido calurosamente por empresarios argentinos y políticos. de diversos sectores contrastaban dramáticamente con un miy cada vez más aislado que declinó participar en el evento.

En su discurso ante el foro, Petro completó su lección de diplomacia y estrategia política. Algunos confunden la firmeza con la agresión, la convicción con el dogmatismo, pero la verdadera fortaleza no está en quien grita más fuerte o insulta con mayor creatividad. está en quien tiene la serenidad para escuchar al diferente, la humildad para reconocer el valor del adversario y la inteligencia para buscar puntos de encuentro, incluso en el desacuerdo.

Los asistentes, incluidos prominentes empresarios que habían apoyado a Miley en las elecciones, aplaudieron de pie. La prensa argentina, incluso aquella ideológicamente cercana al gobierno, reconocía la efectividad de la estrategia de Petro. nos ha dado una clase de política exterior, admitió a regañadientes un reconocido columnista de la nación, donde mi ley vio una oportunidad para un exabrupto ideológico.

Petro encontró la forma de fortalecer la posición internacional de Colombia y tender puentes, incluso con sectores que no comparten su visión. El episodio transformó la percepción regional de ambos líderes. Petro, frecuentemente criticado por su pasado guerrillero y sus posiciones de izquierda, ganaba reconocimiento como un político pragmático y maduro.

Miiley, que había construido su imagen como un león, dispuesto a enfrentar a Lake Establishment, comenzaba a ser visto por muchos como un líder impredecible, cuya retórica agresiva generaba más problemas que soluciones. La lección más profunda, sin embargo, resonaba en toda América Latina, en un continente profundamente polarizado, donde la política a menudo se reduce a un choque tribal entre izquierda y derecha, Petro había demostrado la efectividad de un enfoque diferente: firmeza en las convicciones combinada con respeto al adversario, defensa de la

dignidad nacional sin caer en nacionalismos excluyentes, capacidad para atender puente incluso en momentos de máxima tensión. Tres meses después, en una entrevista exclusiva con CNN, Petro reflexionaba sobre lo ocurrido. Aquel día en la ONU tuve dos opciones: responder al insulto con otro insulto, alimentando un ciclo de odio, o intentar transformar ese momento negativo en una oportunidad para elevar el debate.

Elegí lo segundo, no por cálculo político, sino por convicción. La historia de Colombia nos ha enseñado con demasiado dolor que cuando deshumanizamos al diferente, cuando lo convertimos en escoria, el siguiente paso es la violencia. Le preguntaron si consideraba que había dado una lección a mi ley, como sugerían muchos analistas.

No me gusta ese término respondió Petro con una sonrisa. Nadie da lecciones a nadie en política. Todos estamos aprendiendo constantemente. Lo que ocurrió fue simplemente un recordatorio de algo que a veces olvidamos en el calor del debate ideológico, que más allá de nuestras diferencias compartimos una humanidad fundamental y que la verdadera fortaleza está en quien tiende puentes, no en quien levanta muros.

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