ADVERTISEMENT

Milei llama escoria al pueblo colombiano y PETRO le da una lección brutall

ADVERTISEMENT

ADVERTISEMENT

El presidente Petro ha convertido lo que pudo ser un incidente diplomático desastroso en una lección magistral sobre dignidad política. No respondió al insulto con otro insulto, sino con una invitación al diálogo. En las redes sociales la repercusión era inmediata y abrumadora. El hashtag no somos escoria se había convertido en tendencia mundial con millones de colombianos expresando su orgullo nacional.

Pero lo más sorprendente era que muchos argentinos se sumaban a la etiqueta distanciándose de las palabras de su propio presidente. Como argentino, me disculpo con el pueblo colombiano. Las palabras de mi ley nos representan. No somos escoria. escribía un usuario de Buenos Aires en un tweet que acumulaba miles de retweets.

Fuera del recinto de la ONU, decenas de periodistas esperaban para captar las reacciones de ambos mandatarios. Petro fue el primero en salir, rodeado por su equipo de seguridad. Los reporteros se abalanzaron sobre él, extendiendo micrófonos y grabadoras. Presidente Petro, ¿considera que la respuesta de mi ley fue satisfactoria? ¿Mantiene su invitación a Colombia después del insulto? Petro se detuvo brevemente, ajustándose las gafas antes de responder.

“Por supuesto que mantengo la invitación”, respondió con calma. “De hecho ahora es más importante que nunca. El presidente Miley necesita conocer la Colombia real, no la caricatura ideológica que tiene en mente. Y el pueblo colombiano merece la oportunidad de demostrarle que somos mucho más que una etiqueta política.

Otro periodista se abrió paso entre la multitud. ¿Qué opina de que mi ley lo haya llamado terrorista en el pasado? ¿No le parece una provocación deliberada? Petro sonrió levemente antes de contestar. Las palabras dicen más de quien las pronuncia que de a quien van dirigidas. Mi historia es conocida. Fui guerrillero, sí, pero también firmé un acuerdo de paz.

Entregué las armas y he dedicado las últimas décadas a la lucha democrática. Hoy soy presidente porque el pueblo colombiano así lo decidió en las urnas. Esa es mi respuesta a cualquieretiqueta. Mientras Petro continuaba su improvisada rueda de prensa, mi ley salía por una puerta lateral, evidentemente buscando evitar a los medios.

Sin embargo, algunos periodistas lograron interceptarlo. Presidente Miley, ¿se arrepiente de haber llamado Escoria al pueblo colombiano? ¿Aceptará la invitación de Petro para visitar Colombia? El mandatario argentino, visiblemente incómodo, se detuvo brevemente. “Mis palabras se malinterpretaron,” respondió con evidente tensión.

“Me refería al gobierno colombiano, no a su pueblo.” “En cuanto a la invitación, la evaluaré con mi equipo de política exterior.” Sin esperar más preguntas, mi ley se apresuró hacia su vehículo, flanqueado por guardaespaldas que mantenían a raya a los insistentes reporteros. Mientras tanto, en las cancillerías de toda América Latina, diplomáticos y analistas intentaban entender las implicaciones de lo ocurrido.

¿Era intercambio el inicio de una nueva era en las relaciones entre Colombia y Argentina o simplemente otro episodio en la creciente polarización regional? En Bogotá, el Ministerio de Relaciones Exteriores convocó a una reunión de emergencia. Aunque el discurso de Petro había sido ampliamente aplaudido, era necesario evaluar las consecuencias diplomáticas y preparar una estrategia para los días siguientes.

“El presidente manejó magistralmente la situación”, comentaba la canciller colombiana a su equipo. “Pero debemos estar preparados. Conociendo a mi ley, es probable que intente reescribir lo sucedido, presentándose como víctima de una campaña de la pizzquierda internacional. En Buenos Aires, la situación era aún más tensa.

El gabinete de Mley se había reunido de emergencia en la Casa Rosada. Las filtraciones a la prensa sugerían un acalorado debate interno sobre cómo proceder. Algunos asesores presionaban para que el presidente se disculpara formalmente, argumentando que el incidente dañaba gravemente la imagen internacional de Argentina. Otros, más cercanos ideológicamente a mi ley insistían en mantener la línea dura, sugiriendo incluso intensificar las críticas a Colombia.

Mientras las deliberaciones políticas continuaban a puerta cerrada, en las calles de ambos países la ciudadanía reaccionaba. En Bogotá, cientos de personas se congregaron espontáneamente frente a la embajada argentina, no para protestar, sino para realizar un acto simbólico de desagravio. “Traemos café colombiano y flores para nuestros hermanos argentinos”, explicaba una de las organizadoras a los medios locales.

“Queremos demostrar que las palabras de un presidente no pueden romper los lazos históricos entre nuestros pueblos. En Buenos Aires, un grupo de ciudadanos, más pequeño, pero igualmente significativo, se reunió frente a la embajada colombiana con carteles que decían Argentina y Colombia, pueblos hermanos, y las palabras de mi ley nos representan.

Estas manifestaciones, aunque modestas en número, reflejaban un sentimiento compartido por muchos, que los lazos entre los pueblos latinoamericanos trascienden las disputas ideológicas de sus gobiernos temporales. En las redacciones de los principales medios internacionales, los editores se apresuraban a publicar análisis del incidente.

The New York Times tituló: “Con dignidad y firmeza, Petro responde a insulto de mi ley y redefine el debate latinoamericano. Lemond optó por la lección de diplomacia de Petro ante la provocación argentina. Incluso medios tradicionalmente críticos con Petro reconocían la efectividad de su respuesta. El Washington Post publicó un editorial particularmente incisivo.

El contraste no podría ser más claro. Mientras mi ley actúa como un provocador de redes sociales, Petro se comporta como un estadista. La pregunta es, ¿cuál de estos modelos prevalecerá en una América Latina cada vez más polarizada? En Colombia, el impacto político interno fue inmediato. Políticos de oposición, que habitualmente criticaban duramente a Petro emitieron comunicados respaldando su defensa de la dignidad nacional.

El expresidente Iván Duque, conocido por sus diferencias ideológicas con Petro, twiiteó, “En defensa del honor nacional, todos los colombianos estamos unidos. Respaldo la dignidad con que el presidente Petro Gustavo ha respondido a un insulto inaceptable. Esta unidad nacional, aunque probablemente temporal, representaba un fenómeno inusual en un país profundamente polarizado.

Por un breve momento, colombianos de todas las tendencias políticas se unían en torno a una causa común, la defensa de su dignidad colectiva. En Argentina el panorama era más complejo. Mientras los seguidores acérrimos de mi ley defendían sus palabras en redes sociales, importantes sectores de la sociedad, incluidos empresarios con intereses en Colombia, expresaban preocupación por las posibles consecuencias económicas y diplomáticas del incidente.

“Esto es un desastre para nuestros intereses comerciales en la región”,declaró bajo condición de anonimato el director de una importante empresa argentina con inversiones en Colombia. La diplomacia existe precisamente para evitar este tipo de situaciones. Uno puede tener diferencias ideológicas sin insultar a todo un país.

La Bolsa de Buenos Aires registró una ligera caída, reflejando la inquietud del mercado ante posibles repercusiones económicas. Colombia representaba un socio comercial significativo para Argentina con intercambios que superaban los 1500 millones de dólares anuales. Mientras tanto, en la sede de la ONU, el secretario general convocaba a sus asesores para analizar lo sucedido.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

ADVERTISEMENT

ADVERTISEMENT