“El pueblo colombiano no es escoria, presidente mi ley”, continuó cuando los aplausos se apagaron. Es un pueblo trabajador que ha sobrevivido a la violencia guerrillera, a la violencia paramilitar, a la violencia del narcotráfico y sí, también a la violencia del estado. Es un pueblo que a pesar de todo sigue creyendo en la democracia, un pueblo que me eligió a mí, pero que antes eligió a líderes con visiones muy diferentes a la mía.
Y eso es precisamente lo hermoso de la democracia, la posibilidad de alternar pacíficamente entre distintas visiones de país. Petro hizo otra pausa tomando un sorbo de agua. La atmósfera en la sala había cambiado completamente. Los delegados que minutos antes se encontraban incómodos ahora escuchaban con atención respetuosa.
“Quiero aprovechar este momento para invitar al presidente Miley a Colombia”, anunció Petro provocando murmullos sorprendidos. Le propongo que visite nuestras ciudades y nuestros campos, que converse con nuestros empresarios y con nuestros campesinos, que conozca a nuestra juventud, tanto la que está de acuerdo con mi gobierno como la que lo critica.
Le garantizo que no encontrará escoria. encontrará seres humanos con sueños, con miedos, con opiniones diversas, exactamente como en su propio país. A medida que Petro continuaba su discurso, las cámaras captaban las reacciones en la sala. La mayoría de los delegados escuchaban con expresiones de aprobación.
Mi ley, por su parte, mantenía los brazos cruzados, su rostro una mezcla de sorpresa y desconcierto. Claramente no había anticipado este tipo de respuesta. La verdadera fortaleza de un líder no está en su capacidad para insultar o provocar, continuó Petro. está en su voluntad de tender puentes, especialmente con quienes piensan diferente.
Está en reconocer la humanidad del adversario político. Está en entender que al final del día todos queremos lo mejor para nuestros pueblos, aunque discrepemos profundamente sobre cómo lograrlo. Chat Controls, Sonet 3.7. El discurso de Petro había dejado a la Asamblea General en un silencio contemplativo. Incluso los representantes de países que normalmente mantenían distancia ideológica con Colombia observaban ahora al presidente con un respeto renovado.
Había transformado un momento de tensión diplomática en una lección sobre dignidad política. Las diferencias ideológicas son el motor de la democracia, continuó Petro. su voz ganando firmeza sin perder calidez. Sin ellas caeríamos en el pensamiento único, en la uniformidad estéril. Pero estas diferencias deben expresarse con respeto.
Cuando reemplazamos argumentos con insultos, cuando llamamos escoria a quienes piensan distinto. Estamos sembrando las semillas del odio y el odio, como bien sabemos en Colombia, solo produce más odio. En las primeras filas, mi ley se removía incómodo. Su expresión oscilaba entre el desafío y la sorpresa. Claramente no había anticipado esta respuesta mesurada y filosófica de un hombre al que había descrito como un radical izquierdista.
Permítanme abordar directamente algunas acusaciones específicas. Petro cambió ligeramente el tono entrando en un terreno más concreto. Se ha mencionado que Colombia está siendo destruida por políticas socialistas. La realidad, sin embargo, es más compleja y menos ideológica. Nuestro gobierno ha mantenido la estabilidad macroeconómica.
El peso colombiano se ha fortalecido frente al dólar en los últimos meses. La inflación, que es un problema global, muestra signos de estabilización. Petro hizo una breve pausa consultando discretamente sus notas. La inversión extranjera directa aumentó un 18% en el último trimestre comparado con el mismo periodo del año anterior.
No son datos de un país en colapso yentecimiento. Son indicadores de una economía que enfrenta desafíos como todas, pero que mantiene sus fundamentos sólidos. Varios delegados asintieron, especialmente aquellos familiarizados con la situación económica regional. Los números que Petro mencionaba eran verificables, no simple retórica.
Pero más allá de las cifras económicas, que por supuesto importan, está la cuestión central. ¿Qué tipo de sociedad queremos construir? Petro elevó ligeramente la voz, no en señal de enojo, sino de convicción. Colombia está intentando sanar heridas históricas. Estamos implementando el acuerdo de paz más ambicioso del mundo moderno.
Estamos enfrentando el desafío del cambio climático mientras transformamos nuestra matriz energética. Estamos luchando por reducir una desigualdad que es moralmente inaceptable y económicamente ineficiente. Las cámaras captaban ahora las reacciones de diversas delegaciones. Losrepresentantes europeos escuchaban con atención.
Los latinoamericanos, independientemente de su orientación política, mostraban expresiones de reconocimiento. Sabían que más allá de ideologías, Petro estaba tocando temas que afectaban a toda la región. Se nos acusa de dialogar con terroristas, continuó haciendo comillas con los dedos. Pero la historia ha demostrado, no solo en Colombia, sino en todo el mundo, que los conflictos armados no se resuelven únicamente con balas, se resuelven con diálogo, con justicia, con verdad.
Las guerras se ganan militarmente, la paz se construye políticamente. Un murmullo de aprobación recorrió la sala. Los representantes de países que habían mediado en el proceso de paz colombiano, como Noruega y Cuba, asintieron visiblemente. En cuanto al narcotráfico, Petro abordó otra de las acusaciones. Llevamos décadas en una guerra que ha costado innumerables vidas sin resolver el problema de fondo.
Es hora de repensar un enfoque que ha fracasado, no por ideología, sino por resultados. La evidencia global muestra que la criminalización exclusiva no reduce el consumo ni la producción. Necesitamos un nuevo consenso internacional basado en la salud pública y el desarrollo rural. Petro hizo una pausa más prolongada, mirando directamente hacia donde se encontraba sentado Miley.
Su mirada no era desafiante, sino calmada, casi compasiva. Presidente Miley, usted ha dicho que el socialismo es un cáncer. Permítame responderle no con otro insulto, sino con una reflexión. Las etiquetas, socialista, neoliberal, conservador, progresista son simplificaciones de realidades complejas. La verdadera enfermedad que afecta a nuestras democracias no es una ideología específica, sino el dogmatismo, la certeza absoluta de poseer la verdad, la incapacidad para escuchar al otro.
El silencio en la sala era absoluto. Incluso los traductores parecían contener la respiración, transmitiendo las palabras de Petro con una precisión reverencial. Usted y yo representamos visiones diferentes de sociedad. Es cierto. Usted cree en la mano invisible del mercado. Yo creo que esa mano a veces necesita guía para no dejar a nadie atrás.
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