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Milei llama escoria al pueblo colombiano y PETRO le da una lección brutall

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Mi leyama escoria al pueblo colombiano y Petro le da una lección brutal. El silencio cayó sobre la Asamblea General de las Naciones Unidas, como si alguien hubiera cortado el aire con un cuchillo. Los delegados, acostumbrados a la retórica diplomática y los discursos cuidadosamente elaborados, miraban atónitos al hombre de cabello revuelto que golpeaba el podio con puños cerrados.

Javier Miley, presidente de Argentina, había abandonado cualquier pretensión de decoro diplomático. “Los gobiernos socialistas son el cáncer que destruye nuestras economías.” Su voz resonaba con fuerza, amplificada por un micrófono que parecía innecesario, dado el volumen natural de sus palabras. Y Colombia, lamentablemente, se ha convertido en el ejemplo perfecto de cómo un país rico en recursos naturales puede ser arruinado por la escoria izquierdista que lo gobierna.

La palabra escoria provocó jadeos audibles entre los presentes. No era solo un insulto al gobierno colombiano, sino una afrenta directa a su pueblo. Los diplomáticos comenzaron a intercambiar miradas incómodas, mientras algunos delegados latinoamericanos se removían en sus asientos con evidente indignación. Petro y su banda de socialistas están destruyendo a Colombia como destruyeron Venezuela.

Continuó mi ley señalando con un dedo acusador hacia donde se encontraba la delegación colombiana. Y es el mismo manual, expropiar empresas, ahuyentar inversiones, multiplicar el gasto público y culpar al neoliberalismo por el inevitable colapso económico. A pocos metros de distancia, el presidente colombiano Gustavo Petro permanecía imperturbable, su rostro una máscara de calma.

A diferencia de Miley, vestido con un traje negro arrugado que parecía demasiado grande para su cuerpo, Petro lucía un traje azul perfectamente ajustado y una corbata que reflejaba los colores de la bandera colombiana. El contraste visual entre ambos líderes no podía ser más marcado. Un ayudante se inclinó para susurrar algo al oído de Petro, probablemente sugiriendo una respuesta inmediata o incluso una retirada del recinto en señal de protesta.Pero el presidente colombiano negó suavemente con la cabeza sus ojos nunca abandonando la figura gesticulante de Miley. Miren a Colombia hoy. Miley alzó ambos brazos dramáticamente. Un país donde el narcotráfico florece mientras la libertad económica se marchita, donde se persigue a los empresarios mientras se dialoga con terroristas.

Este es el resultado de elegir a la escoria socialista. La palabra ofensiva, repetida deliberadamente provocó que varios diplomáticos colombianos se pusieran de pie dispuestos a abandonar la sala, pero se detuvieron cuando Petro levantó discretamente una mano indicándoles que permanecieran en sus lugares. Al concluir su discurso, Miley recibió un aplauso escaso y evidentemente incómodo.

Mientras bajaba del podio, lanzó una mirada desafiante hacia la delegación colombiana, como retándolos a responder. El moderador, visiblemente nervioso, anunció, “A continuación, tenemos el honor de escuchar al presidente de la República de Colombia, su excelencia Gustavo Petro Urrego. Un silencio expectante envolvió la sala mientras Petro se levantaba con movimientos pausados.

caminó hacia el podio sin prisa, como si cada paso fuera una meditación. Los presentes, acostumbrados al fuego verbal de mi ley, esperaban una respuesta igualmente incendiaria. Pero cuando Petro llegó al micrófono, no comenzó inmediatamente dejó que el silencio se extendiera por unos segundos más, mirando directamente a los ojos de los delegados presentes.

Cuando finalmente habló, su voz era suave pero clara. contrastando dramáticamente con los gritos previos de Miley. Agradezco al presidente Miley por ilustrar perfectamente lo que está en juego en nuestro tiempo. Comenzó con un tono que sorprendió a todos por su falta de hostilidad. No es una batalla entre izquierda y derecha, como él sugiere.

Es una lucha mucho más fundamental entre quienes ven a sus semejantes como escoria y quienes reconocemos la dignidad inherente en cada ser humano. La sala se quedó en completo silencio. No era la respuesta que esperaban. Cuando un líder llama escoria a un pueblo entero, no está haciendo política, está deshumanizando.

Y la historia nos ha enseñado con dolorosa claridad que la deshumanización es siempre el primer paso hacia la violencia. Petro hizo una pausa, dejando que sus palabras resonaran. En la primera fila, mi ley se removió incómodo en su asiento. Colombia conoce bien el costo de la violencia, continuó Petro. Durante décadas nuestro pueblo ha sufrido un conflicto alimentado precisamente por esa incapacidad de reconocer la humanidad del otro.

Hemos pagado con sangre el precio de la intolerancia. Por eso, cuando escucho palabras como las que acabamos de oír, no siento ira, siento preocupación, preocupación por Argentina, un país hermano que merece un debate de ideas, no un espectáculo deinsultos. En ese momento, algo inesperado ocurrió. Varios delegados comenzaron a aplaudir espontáneamente, no como un gesto político, sino como un reconocimiento genuino a la dignidad con la que Petro estaba respondiendo a la provocación.

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