Mi hija de seis años le dijo a su maestra que “le dolía al sentarse” y dibujó una imagen que hizo que la profesora llamara a la policía. Su tío se convirtió rápidamente en el principal sospechoso, y yo estaba convencida de que mi familia estaba a punto de desmoronarse… hasta que la policía analizó una mancha en la mochila de mi hija. El sheriff me miró y dijo:

El sheriff tomó asiento frente a mí y abrió la carpeta con los resultados del laboratorio. Yo no podía dejar de observar sus manos, esperando ver en su gesto alguna señal que anticipara lo que estaba a punto de revelarme. Finalmente, señaló el informe.

—La mancha no es sangre, ni ningún fluido corporal. Es… adhesivo industrial mezclado con tierra.

Me quedé atónita.

—¿Adhesivo? ¿Como pegamento?

—Sí. De un tipo usado en manualidades escolares o en algunos juguetes. Y encontramos pequeñas fibras sintéticas. Coinciden con la superficie interior de un columpio de plástico, de esos que hay en parques infantiles.

La información me desconcertó por completo.

—¿Qué tiene que ver un columpio con lo que dijo mi hija?

El sheriff apoyó las manos sobre la mesa y dijo:

—Su hija podría estar confundiendo el dolor físico con algo muy diferente a lo que usted temió. Necesitamos que nos cuente todo lo que ha pasado en los últimos días. Cualquier detalle puede importar.

Le hablé del fin de semana anterior: la llevé al parque, jugó en los columpios nuevos que habían instalado, resbaló varias veces. Recordé que al volver a casa dijo que “le dolía sentarse”, pero pensé que era por una caída. Nada más.

El sheriff asintió.

—Es posible que tenga un moretón serio. Y que, cuando se le preguntó en clase, simplemente lo expresó de la forma que una niña de seis años entiende el dolor: directa, confusa y sin matices. Pero todavía falta entender el dibujo.

Respiré hondo.

—Ella dibuja sombras grandes detrás de figuras pequeñas. Siempre lo ha hecho. Dice que son “gigantes buenos”, como los adultos que la cuidan.

La profesora no sabía eso. Yo tampoco lo había aclarado en el colegio.

El sheriff invitó a una psicóloga infantil a unirse a la conversación. Lucía fue entrevistada en una sala amigable, llena de juguetes. Yo observaba desde detrás de un vidrio unidireccional, con el corazón encogido.

—Lucía —preguntó la psicóloga con voz suave—, ¿qué quisiste decir cuando hablaste de dolor al sentarte?

Mi hija movió los pies colgando de la silla.

—Me dolió en el parque. Cuando me caí del columpio. Me raspé la parte de atrás.

La psicóloga sonrió.

—¿Y tu dibujo? ¿Quién es el gigante?

 Continua en la siguiente pagina

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.