Mi hija de seis años le dijo a su maestra que “le dolía al sentarse” y dibujó una imagen que hizo que la profesora llamara a la policía. Su tío se convirtió rápidamente en el principal sospechoso, y yo estaba convencida de que mi familia estaba a punto de desmoronarse… hasta que la policía analizó una mancha en la mochila de mi hija. El sheriff me miró y dijo:

“Mi hija de seis años le dijo a su maestra que “le dolía al sentarse” y dibujó una imagen que hizo que la profesora llamara a la policía. Su tío se convirtió rápidamente en el principal sospechoso, y yo estaba convencida de que mi familia estaba a punto de desmoronarse… hasta que la policía analizó una mancha en la mochila de mi hija. El sheriff me miró y dijo:

—Señora, el sospechoso no es el tío……

Nunca olvidaré la llamada que recibí aquella tarde. La profesora de mi hija de seis años, Lucía, hablaba con un tono extraño, entre preocupado y contenido.

—Señora… creo que debe venir al colegio. Su hija dijo algo… inquietante.

Cuando llegué, dos policías estaban en el pasillo. Mi corazón se hundió. La profesora me explicó que durante la clase de arte, mientras los niños dibujaban “cómo se sienten en casa”, Lucía había dicho: “Me duele mucho cuando me siento”. Luego mostró un dibujo en el que aparecía una figura grande detrás de una figura pequeña, ambas dentro de una habitación cerrada. La profesora temió lo peor. Yo también.

Los agentes hablaron con delicadeza, pero iban al grano:

—Su hija mencionó a un “tío”. ¿Hay algún hombre adulto cercano que pase tiempo con ella?

Mi hermano Diego. Mi mejor amigo desde la infancia. Siempre amable, siempre dispuesto a cuidar a Lucía. De pronto, todo lo que era normal empezó a parecer sospechoso. ¿Había señales y no las vi? ¿Había confiado ciegamente?

Esa noche no dormí. Lucía estaba tranquila, como si no entendiera el caos que se desataba a su alrededor. Los policías volvieron al día siguiente para recoger algunos objetos de la niña, entre ellos su mochila. Una de las agentes señaló una mancha oscura en la parte inferior, como una mezcla entre barro y algo pegajoso.

—Esto podría ser relevante —dijo.

Mi estómago dio un vuelco. ¿Podría ser sangre? ¿Algún tipo de fluido? No sabía qué pensar. El pánico y la culpa me arrastraban.

Mientras tanto, Diego estaba devastado.

—¿Cómo puedes creer que yo…? —balbuceó con lágrimas en los ojos.

Pero yo ya no sabía qué creer. Era mi hija. Tenía que protegerla.

El análisis de la mancha se realizó con urgencia. Yo esperaba en silencio en la comisaría, mirando la puerta cerrada del laboratorio criminalístico, sintiendo que mi mundo se despedazaba. Finalmente, el sheriff salió con una carpeta en la mano.

—Señora —dijo con gravedad—, tenemos los resultados.

Apreté los puños, lista para escuchar lo peor.

Pero el sheriff dejó la carpeta sobre la mesa, respiró hondo y dijo:

—El sospechoso no es el tío.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—Entonces… ¿quién? —pregunté casi sin voz.

El sheriff me miró fijamente, y lo que dijo después marcó el inicio de una verdad mucho más retorcida de lo que jamás imaginé….

 Continua en la siguiente pagina

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.