Nadie es pobre para siempre, ni rico para siempre. Lo que importa es cómo tratas a los demás cuando estás en la cima.
Miré al cielo y sonreí. Al final, pensé: la vida es verdaderamente justa. Llegará el día en que los orgullosos se inclinarán ante quienes una vez despreciaron.
Y cuando lo oí gritar de nuevo: “¡Director!”, no me sentí orgulloso. Porque sabía que el verdadero respeto no se compra con dinero; es fruto del carácter y el trabajo duro.
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