—Nunca dejé de amar a mi nieto —dijo—. Solo aprendí que amar no significa desaparecer.
Ana lloró. Afuera, la lluvia cesaba lentamente.
A veces, el acto de amor más grande…
es no hacer nada.
Es quedarse.
Es no cruzar una línea que nos borra.
Porque el amor verdadero no humilla.
Y la dignidad… también se hereda.
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