Me prohibieron la entrada al nacimiento de mi nieto, así que cuando me pidieron pagar los 10.000 dólares de la cuenta médica, les dije exactamente lo que pensaba. El viaje en autobús duró doce horas interminables.

—Nunca dejé de amar a mi nieto —dijo—. Solo aprendí que amar no significa desaparecer.

Ana lloró. Afuera, la lluvia cesaba lentamente.

A veces, el acto de amor más grande…
es no hacer nada.
Es quedarse.
Es no cruzar una línea que nos borra.

Porque el amor verdadero no humilla.
Y la dignidad… también se hereda.

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