No di un largo discurso.
No me vengué con palabras.
Simplemente miré a mis padres y me di la vuelta.
Este día ya no les pertenecía.
Su crueldad.
Sus intentos de quebrantarme.
Elegí la dignidad.
Conclusión
Mi boda no fue un cuento de hadas.
Pero se hizo realidad.
A veces las personas más fuertes no nacen del amor, sino de la resistencia.
A veces un vestido blanco no es símbolo de felicidad, sino una prueba.
Y a veces el verdadero triunfo es simplemente dar un paso adelante y dejar de agachar la cabeza.
Intentaron quebrantarme.
Pero ese día, bajo el techo abovedado de aquella pequeña capilla, lo comprendí:
Me había convertido en la persona más fuerte de aquella sala.
Y nadie puede arrebatármelo.
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