La vida que pensé que había terminado

Peter siempre formará parte de mi historia. Me dio veinte años, dos hijos hermosos y una base de confianza y compañerismo que forjó quién soy.

Pero él no es el final de mi historia.

Daniel es mi segundo capítulo; no un reemplazo ni una corrección, sino una continuación.

Y quizás esa sea la verdad que nadie te dice cuando te ahogas en el dolor: seguir adelante no significa dejar nada atrás. Significa permitir que tu vida siga su curso, incluso cuando no sea como la planeaste.

Si temes haber esperado demasiado, haber amado a la persona equivocada o haber cometido demasiados errores como para merecer la felicidad, recuerda esto:

El corazón es resiliente.

Se rompe.

Y sigue latiendo.

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