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La continuación de la historia

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Uno de los oficiales cerró su libreta.

“En este momento, no hay pruebas que vinculen a Alejandro García con ningún robo”, declaró formalmente. “Sin embargo, existe preocupación por la búsqueda pública de un menor frente a sus compañeros.”

Las palabras le impactaron.

Carmen se hundió en su silla. Su seguridad se había desvanecido.

Los estudiantes comenzaron a susurrar de nuevo, esta vez no sobre Alejandro, sino sobre su profesor.
La directora respiró hondo.

“Sra. López, a la espera de una aclaración, queda relevada de sus funciones.”

No discutió.

Miguel puso una mano tranquilizadora sobre el hombro de su hijo. Alejandro se irguió. El temblor había desaparecido.

Los oficiales aseguraron la grabación. El coronel se acercó a Miguel.

“Hiciste bien en no ceder”, dijo en voz baja.

“No quería favores”, respondió Miguel. “Solo justicia.”

“Y eso fue lo que conseguiste.”

Los estudiantes recogieron sus cosas lentamente. Dos chicos se acercaron a Alejandro.

“Sabíamos que no eras tú”, dijo uno.

“Disculpa que no hayamos hablado antes”, añadió otro.

Alejandro asintió en silencio.

Caminaron por el pasillo; sus pasos resonaban en el edificio casi vacío.

“Papá…”, dijo Alejandro en voz baja.

“¿Sí?”

“Pensé que nadie me creería.”

Miguel se detuvo y miró a su hijo a los ojos.

“Mientras seas honesto, siempre te apoyaré.”

Alejandro tragó saliva.

“Fue horrible cuando vació mi mochila delante de todos.”

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