Puedo ir a verlo cantar una vez, solo una vez, sin que él sepa que estoy ahí.” Una lágrima cayó por su mejilla. No pensé que me iba a ver. Había 20,000 personas. ¿Cómo iba a verme a mí? Julio sonríó. Una sonrisa triste. Podría haber 100,000 personas. Te hubiera visto igual. El público empezó a aplaudir. Algunos lloraban sin saber exactamente por qué. Había algo en el aire, algo que todos sentían aunque no pudieran explicar. Julio levantó el micrófono, pero no habló al público, habló solo a ella.
Hace 40 años me dejaste en un hospital. Tenía las piernas rotas y el corazón roto y no sabía cuál dolía más. Isabel bajó la mirada. Pero quiero que sepas algo, continuó Julio. Todo lo que soy, todo lo que logré, empezó esa noche, la noche que te fuiste. Porque fue esa noche que agarré una guitarra por primera vez. Y fue pensando en vos que escribí mis primeras canciones. El estadio estaba en silencio absoluto. Así que gracias, Isabel. Gracias por romperme el corazón, porque de esos pedazos rotos nacieron 300 millones de discos.
Isabel levantó la mirada. Las lágrimas corrían libremente. Ahora Julio abrió los brazos y Isabel caminó hacia él. Se abrazaron en el centro del escenario dos personas que habían sido jóvenes juntas hace una eternidad. Dos personas que el tiempo había separado y que el destino había vuelto a juntar. 20,000 personas aplaudían, lloraban, gritaban. Pero Julio no escuchaba nada, solo sentía los brazos de Isabel. Solo olía su perfume, diferente al de antes, pero de alguna manera igual. Solo escuchaba su respiración contra su pecho.
40 años esperando este momento. Y por fin había llegado. El abrazo duró una eternidad. o este quizás solo unos segundos, nadie lo sabe con certeza. Cuando se separaron, Julio tenía los ojos húmedos. El hombre que nunca lloraba en público, el hombre que siempre tenía el control, estaba temblando. Miró a Isabel, le dijo algo al oído, algo que los micrófonos no captaron, algo que solo ella escuchó. Isabel asintió. Julio hizo una seña al jefe de seguridad. El hombre se acercó y acompañó a Isabel hacia el costado del escenario, no hacia el público, hacia atrás, hacia el backstage.
Julio se quedó solo en el escenario, tomó el micrófono. “Perdonen”, dijo al público. Su voz todavía temblaba. “Acaban de ver algo que ni yo esperaba. Esa mujer, esa mujer es parte de mi historia, una parte que creí perdida para siempre.” Hizo una pausa. Ahora, si me permiten, voy a cantar una canción. una canción que escribí hace muchos años. Pensando en ella, la banda empezó a tocar una melodía que el público conocía bien, una de las canciones más famosas de Julio.
Pero esa noche sonó diferente. Esa noche cada palabra tenía un peso nuevo. Cada nota llevaba 40 años de espera. El concierto terminó dos horas después. Julio cantó como nunca. o este, eso dicen los que estuvieron ahí, como si hubiera recuperado algo que había perdido, como si la música volviera a tener sentido. Pero lo que pasó después del concierto, nadie lo sabe con certeza. Se dice que Julio e Isabel se encontraron en el backstage solos, sin cámaras, sin testigos.
Se dice que hablaron durante horas toda la noche hasta que el sol empezó a salir sobre Buenos Aires. ¿Qué se dijeron? Nadie lo sabe. Algunos dicen que Isabel le explicó todo. ¿Por qué se fue? ¿Por qué desapareció? Dicen que su familia la obligó, que le dijeron que Julio era un inválido, que nunca sería nada, que ella merecía algo mejor. Dicen que la mandaron a vivir con unos tíos en otro país que le prohibieron contactarlo. Otros dicen que Isabel le confesó que nunca dejó de amarlo, que se casó con otro hombre, que tuvo hijos, que vivió
una vida entera, pero que cada noche, antes de dormir pensaba en él, en el chico de 19 años que le cantaba canciones tontas en el retiro. Otros dicen que no hablaron del pasado, que solo se miraron, que algunas cosas no necesitan palabras. Lo que sí se sabe es que cuando el sol salió, Isabel se fue. Julio la acompañó hasta un taxi. Se abrazaron una vez más y ella se fue. Se volvieron a ver. Hay quienes juran que sí.
Que Julio e Isabel se encontraban en secreto una vez al año en algún lugar del mundo donde nadie los conocía, solo ellos dos, como si tuvieran 19 años otra vez. Hay quienes dicen que no, que esa noche fue la última, que se dijeron todo lo que necesitaban decirse y después siguieron con sus vidas separadas. Porque a veces el amor no es suficiente, porque a veces el tiempo destruye lo que podría haber sido. La verdad es que nadie lo sabe.
Solo Julio, solo Isabel y ninguno de los dos lo ha contado. Pero hay algo que sí se sabe. Después de esa noche en Buenos Aires, Julio cambió. Los que lo conocían lo notaron. seguía siendo el mismo, la sonrisa, el encanto, la voz. Pero había algo diferente en sus ojos, una paz que no estaba antes, como si hubiera cerrado un capítulo que llevaba abierto 40 años. Julio Iglesias tuvo miles de mujeres. Eso dice la leyenda, las más hermosas del mundo.
Pero dicen que solo amó de verdad a una, una mujer que conoció a los 19 años, que perdió en una cama de hospital y que encontró 40 años después en la tercera fila de un concierto. A veces el amor no muere, solo espera. Y a veces, si tenés suerte, el universo te da una segunda oportunidad, aunque sea por una sola noche. pantalla a negro. ¿Alguna vez encontraste a alguien de tu pasado años después? ¿Alguien que creías perdido para siempre?
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