Es sorprendente que la conexión entre el color y la calidad del pollo aún no esté clara para algunos.

Una decisión colorida en el pasillo de la carne.

Ese paquete de pollo en tu carrito de compras podría contarte una historia que aún no has notado. Una bandeja se ve clara, casi rosa. Otra destaca con un intenso tono amarillo. Mismo corte. Precio similar. Aspecto completamente diferente. Es natural detenerse y preguntarse qué significa realmente ese contraste. ¿Uno está tratado con aditivos? ¿El otro es más nutritivo? ¿O el color simplemente influye en tus expectativas incluso antes de leer la etiqueta?

A primera vista, el color tiene un significado especial. La gente juzga instintivamente los alimentos por su aspecto, y el pollo no es la excepción. Pero en el caso de las aves de corral, el color rara vez ofrece una respuesta clara sobre su calidad. En cambio, insinúa cómo se crió el ave, qué se alimentó y las condiciones en las que vivió antes de llegar a la tienda.

El pollo pálido suele estar asociado con la cría comercial a gran escala.

Estas aves se crían para un crecimiento rápido y eficiente. Su dieta se controla rigurosamente para maximizar el aumento de peso y suelen vivir en interiores con poco espacio para moverse. Este sistema produce pollo asequible en grandes cantidades, razón por la cual la carne de color claro es tan común en los supermercados. Si bien el color pálido no significa automáticamente que la carne sea insalubre o peligrosa, sí refleja un modelo de producción centrado en la velocidad, en lugar del comportamiento natural.

El pollo amarillo generalmente sugiere un fondo diferente.

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