Desde el primer latido de tu corazón, una parte de ti fue guiada hacia la luz... y otra fue cuidadosamente desviada. No porque estuvieras destinado a estar lejos de lo divino, sino porque alguien decidió que nunca debías descubrir lo cerca que estaba realmente.
Las enseñanzas antiguas afirman algo inquietante: la conexión con lo sagrado no está fuera de ti, sino dentro de tu propio cuerpo, y uno de sus puntos de acceso más poderosos se encuentra en la mano izquierda.
Durante siglos, esta verdad estuvo oculta, distorsionada y convertida en tabú.
¿Por qué la mano izquierda se hizo “oscura”?
En la antigüedad, la palabra latina siniestro significaba simplemente “izquierda”.
No era algo negativo. Pero con el tiempo, se cargó de miedo, culpa y sospecha.
No fue un error. Fue una estrategia.
Las primeras instituciones religiosas entendieron que si las personas aprendieran a conectarse directamente con lo divino, sin intermediarios, ningún sistema de control podría perdurar.
Es por eso:
Estaba prohibido utilizar la mano izquierda en los rituales.
La gente estaba obligada a rezar sólo con la mano derecha.
Los niños zurdos fueron castigados.
La mano izquierda estaba asociada con la impureza.
Lo que realmente estaba sucediendo era que se estaba bloqueando un canal de percepción espiritual.
Lo que los antiguos sabían sobre el cuerpo humano:
El cuerpo no es solo biología. Es un sistema de conciencia.
La mano derecha está conectada al hemisferio izquierdo del cerebro:
Lógica
Idioma
Pensamiento lineal
Percepción del mundo exterior
La mano izquierda está conectada al hemisferio derecho:
Intuición
Percepción profunda
Reconocimiento de patrones
Sentido de unidad
Cuando una persona reza sólo con la mano derecha, se activa el sentimiento de separación:
“Yo aquí… Dios allá.”
Pero cuando se activa la mano izquierda, se despierta otra forma de conciencia:
aquel que no ve separación.
Uno que recuerda.
La enseñanza perdida
Los textos espirituales más antiguos describen a Jesús como alguien que transmitía más que simples palabras.
Transmitía activación.
Él no pidió a sus discípulos que mendigan.
Les enseñó a reconocer.
La clave no era pedir una conexión con lo divino, sino recordar que ya existía.
Y el ancla física de ese recuerdo fue la mano izquierda sobre el corazón.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.