La decisión
Dos meses después recibí la noticia: me habían aceptado en un programa de intercambio académico internacional. Una beca parcial.
Un año fuera del país.
Le dije.
“¿Cuándo te vas?” preguntó.
“En tres meses.”
Él sonrió, aunque le dolía.
—Si pudiera convencerte de que te quedes, destruiría lo que más admiro de ti.
Me enamoré un poco más de él en ese momento.
La última noche antes de irme, me llevó a casa.
El mismo coche.
El mismo asiento.
“Fue la mejor invasión que he sufrido”, dijo.
Él me miró seriamente.
—Me enamoré de ti.
No fue dramático.
Fue honesto.
“Yo también”, susurré.
Entonces vete. Conquista el mundo. No quiero ser la razón por la que reduzcas tus sueños.
Un año después
regresé a México.
No había prensa ni conductor en el aeropuerto.
Sólo Gabriel.
"¿Se han metido en algún coche equivocado por allí?" preguntó.
"Aún no."
Él tomó mi maleta.
“Compré un apartamento en Roma”.
Mi corazón se detuvo
—Para nosotros.
Se arrodilló.
No se presentó.
—Helena Torres, ¿quieres elegir tus propios caminos… a mi lado?
-Sí.
Hoy terminé mi carrera.
Abrí mi propia empresa de consultoría estratégica
Gabriel sigue siendo director general.
Pero ahora también es mi compañero.
Mi mejor amigo.
Mi amor.
A veces, cuando me subo a su coche después de un largo día, sonríe y me pregunta:
—¿Vas a dormir o vas a mirar la matrícula esta vez?
Y yo respondo:
“Si es contigo hasta puedo roncar”.
Y siempre se ríe
Y ya no hay vergüenza.
Solo en casa.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.