Entonces lo oyó.
Un aliento débil y frágil.
—¡Está viva! —gritó Víctor—. ¡Llamen a una ambulancia!
El pánico se apoderó de él. Eric intentó escabullirse, pero Víctor lo sujetó con fuerza.
“¿A dónde vas?” preguntó Víctor.
—¡N-No! ¡Solo buscaba ayuda!
Los paramédicos llegaron y examinaron a Sarah rápidamente.
“Señor, está viva”, confirmó un médico. “Parece estar en coma inducido. Una sobredosis de sedantes. Si la hubieran enterrado, se habría asfixiado”.
Víctor se volvió hacia Eric con furia ardiendo en sus ojos.
"¿Qué hiciste?"
Eric se desplomó de rodillas. "¡Lo siento! ¡Tengo deudas de juego! Necesitaba el dinero del seguro antes de que volvieras. ¡Pensé... pensé que no despertaría!"
“¿Ibas a enterrar viva a tu propia hermana por dinero?”, dijo Víctor con incredulidad.
Lleno de rabia, Víctor lo golpeó. Eric cayó inconsciente.
Sarah fue trasladada de urgencia al hospital. Tras varios días de tratamiento, por fin abrió los ojos.
Lo primero que vio fue a Víctor sosteniéndole la mano y a Tagpi descansando fielmente junto a la cama.
—Víctor... —susurró débilmente—. Lo último que recuerdo... Kuya Eric me dio jugo... y luego todo se volvió negro.
Víctor la abrazó con cariño. «Ahora estás a salvo. Tagpi te salvó. Si no fuera por él…»
Eric fue arrestado y acusado de intento de parricidio. Pasaría años pagando por su crimen.
En cuanto a Tagpi, se convirtió en un héroe en su hogar. Desde ese día, no fue solo la mascota de la familia. Fue el guardián que demostró que la lealtad a veces es más profunda que la sangre.
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