El novio desaparece el día de su boda: 50 años después, la novia descubre que era plan de su padre.

Joven, esperanzada y emocionada por casarse con Karl, el hombre que amaba, Jessica caminó hacia el altar, pero lo encontró desaparecido. La inquietud en los rostros de los invitados dejaba claro que algo andaba terriblemente mal. Karl había desaparecido, destrozando el corazón de Jessica y convirtiendo lo que debería haber sido el día más feliz de su vida en una pesadilla.

Más temprano esa mañana, el padre de Jessica, Hubert Pennington, confrontó a Karl en una habitación al otro lado del pasillo de la de su hija.

—Te vas —le dijo Hubert con frialdad—. Y no volverás jamás.

—Señor, no soy un niño, soy un hombre y amo a su hija —respondió Karl, esforzándose por disimular el miedo en su voz—. No me voy a ninguna parte.

—No tienes opción —espetó Hubert—. Te irás. Tengo contactos poderosos y te destrozaré la vida si no lo haces.

Karl sabía que la amenaza era real. Todos en el pueblo temían a Hubert, un hombre conocido por sus vínculos con figuras peligrosas y sospechosas.

"¿Eso es una amenaza?" preguntó Karl con manos temblorosas.

—Es una promesa —dijo Hubert rotundamente—. Te vas ahora mismo, sin que nadie se dé cuenta, y desapareces de la vida de Jessica para siempre... o si no...

Hubert le clavó un dedo en el pecho a Karl. Aterrorizado, Karl cedió. Huyó de la habitación, se subió a un taxi y se dirigió directo al aeropuerto.

La idea de que Jessica lo esperara en la iglesia lo destrozaba. Pero creía que irse era la única manera de protegerla de su padre.

Mientras Jessica caminaba por el pasillo, su ansiedad aumentaba con cada paso. Karl no aparecía por ningún lado. Pasaron las horas, y cuando se hizo evidente que no vendría, se derrumbó en lágrimas, sollozando sobre el hombro de su madre, sin encontrar consuelo.

En los años siguientes, Jessica nunca salió con nadie. No podía separarse de Karl. Finalmente, su padre le arregló un matrimonio con el hijo de un rico amigo de la familia y la presionó. Tuvieron una hija, Olivia, pero el matrimonio fue infeliz. Su marido le era infiel y Jessica se sentía atrapada sin salida.

Todo cambió cuando murió su padre. Al día siguiente, solicitó el divorcio. Su esposo estaba igual de ansioso por terminar el matrimonio, y se separaron sin remordimientos.

Con el tiempo, Olivia creció, se casó y le dio a Jessica tres nietos. Por fin, tras años de pérdidas y dificultades, Jessica encontró paz y una sensación de plenitud en la familia que había formado.

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