Valeria subió los primeros escalones casi corriendo, guiada solo por la luz temblorosa de algunos teléfonos. Su corazón latía con fuerza: sabía que Patricia era capaz de cualquier cosa si se sentía descubierta.

Al fin, el generador arrancó con un zumbido y las luces de emergencia iluminaron la escalera con un tono amarillento. Rodrigo subió detrás de Valeria, seguido por algunos empleados y dos guardias.
El pasillo del segundo piso estaba vacío.
Pero una puerta, al fondo, estaba abierta.
Era el antiguo dormitorio de Camila.
Rodrigo se quedó inmóvil al verlo. Hacía meses que Patricia había ordenado cerrarlo, diciendo que era “mejor olvidar”. Él, demasiado cansado para discutir, había aceptado.
Valeria entró primero.
El cuarto estaba revuelto. Cajones abiertos, ropa en el suelo, fotografías rotas. Frente al armario, Patricia sostenía a Matías con un brazo, mientras con el otro buscaba algo entre las cosas de Camila.
El niño lloraba en silencio, con lágrimas mudas que le recorrían el rostro.
—Patricia… —dijo Rodrigo con voz baja pero peligrosa.
Ella se volvió sobresaltada.
Durante un segundo, su expresión perdió toda dulzura. Era pura rabia.
—¡No te acerques! —gritó, apretando al niño contra su cuerpo.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
—Lo estás lastimando —dijo.
Patricia soltó una risa amarga.
—¿Lastimarlo? ¿Después de todo lo que hice por esta familia?
Rodrigo avanzó un paso.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Patricia respiraba agitadamente. Sus ojos brillaban con algo cercano a la desesperación.
—Buscando lo que me pertenece.
—Nada aquí te pertenece —respondió Valeria.
Patricia la miró con odio.
—Tú… todo esto es por tu culpa.
Rodrigo levantó la voz por primera vez.
—¡Suelta a mi hijo!
El niño comenzó a temblar. Sus pequeños dedos se aferraban al vestido de Patricia, pero no buscando protección, sino intentando apartarse.
Valeria recordó entonces algo que Camila le había dicho meses antes de morir.
“Si algún día algo pasa… en el armario hay documentos importantes. No confíes en todos.”
Miró hacia el armario abierto.
Entonces entendió.
—Está buscando el testamento —dijo.
Rodrigo quedó paralizado.
Patricia apretó los labios.
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