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El multimillonario pensaba que su esposa era la madrastra perfecta, hasta que la nueva empleada doméstica encontró un teléfono oculto en su cajón que expuso un plan que ningún padre podría perdonar jamás.

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El llanto de arriba

Deja de hacer berrinches. ¡Tu padre vendrá a casa y verá qué clase de chica eres!

La voz enojada resonó desde el segundo piso de la mansión.

Paloma se quedó paralizada en la puerta trasera. Oía el llanto de una niña, sollozos agudos y desesperados.

Ya nadie te soporta. ¡Quédate ahí llorando hasta que aprendas!

Una puerta se cerró de golpe.

—Ay, Dios mío... ¡Qué desastre! —murmuró Carmen, la criada que recibió a Paloma—. La señora de la casa está nerviosa otra vez.

“¿La señora?” preguntó Paloma suavemente.

“La señora Verónica, la madrastra de la niña.”

Más gritos llenaron la casa, rompiendo el silencio.

“¿Y dónde está el padre?”

—Viajando, siempre viajando —suspiró Carmen—. Oye, cariño, este trabajo no será fácil.

Paloma no lo dudó. Subió corriendo las escaleras, siguiendo el llanto del niño.

En el pasillo, una mujer rubia con maquillaje perfecto y ropa elegante salió de una habitación, cerrando la puerta de un portazo tras ella.

—Debes ser la nueva criada —dijo Verónica, arreglándose el pelo para parecer serena—. Bien. Tengo que salir. La chica está enfadada. Cuando se calme, puedes empezar a trabajar. Está bien, de verdad; solo está siendo dramática, como siempre.

Verónica bajó apresuradamente las escaleras, cogió su bolso y se fue sin decir otra palabra.

Conociendo a la pequeña Camila

El llanto continuó desde la puerta cerrada.

Paloma tocó suavemente.
«Hola, cariño. ¿Puedo pasar?»

Los sollozos se fueron haciendo más silenciosos.

"Te prometo que no te regañaré."

Ella abrió la puerta lentamente.

Dentro, una niña de cabello castaño estaba sentada en el suelo, abrazándose las rodillas. Tenía la cara mojada por las lágrimas y los ojos rojos e hinchados.

—Hola, cariño —dijo Paloma suavemente—. ¿Cómo te llamas?

La niña levantó la vista, cautelosa.
"Camila."

Camila... ¡Qué nombre tan bonito! Soy Paloma. ¿Por qué llorabas?

Camila se señaló el estómago.
«Me duele».

"¿Tienes hambre?"

La niña asintió.

“¿Cuándo comiste por última vez?”

"No lo hice."

Paloma miró su reloj: la una de la tarde.
"¿Tú tampoco desayunaste?"

“Verónica se olvidó… se olvidó de nuevo”.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

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