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Dos hermanas gemelas se casaron con dos hermanos gemelos en el pueblo. En su noche de bodas, ocurrió un desastre...

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—¡Yo… yo estaba con la persona equivocada! —se lamentó Camille.

“Yo también…” sollozó Isabelle, con la voz quebrada.

La terrible verdad sucedió: en su estado de ebriedad, con el pasillo tan oscuro y la mente nublada, los hermanos gemelos se habían topado con las habitaciones equivocadas. Las puertas estaban cerradas, las velas eran tenues y el calor del vino difuminaba las frágiles fronteras de identidad. Para cuando supieron lo sucedido, ya era demasiado tarde.

La familia Moreau fue expulsada en medio del caos. Su madre se desmayó en el acto y su padre golpeó la mesa con el puño, gritando:

¡Qué vergüenza! ¡Cómo sabremos de quién es cada hijo en el futuro!

Al otro lado del pasillo, los padres Dubois permanecían pálidos y temblorosos, indecisos entre defender a sus hijos o condenarlos. Afuera, los susurros se extendían como la pólvora. Los aldeanos, despertados por el ruido, se congregaron en la calle, murmurando:

Les advertimos, ¿verdad? Cuando los gemelos se casan, ¡solo se va a complicar!

“A partir de ahora, durante años, todo el pueblo se reirá de esto”.

Isabelle y Camille, mientras tanto, seguían sollozando y ocultando sus rostros en sus respectivas habitaciones. Lo que había comenzado como la noche más feliz de su infancia se había convertido en un suceso trágico.

En lugar de unir a dos familias en la felicidad, aquella noche de bodas dejó una cicatriz duradera: una historia de amor, destino y desgracia que el pueblo de Provenza nunca olvidaría.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

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