El silencio que siguió no fue el silencio habitual de la casa.
Fue una revelación.
Richard se quedó paralizado, dándose cuenta por primera vez de que su hija no solo estaba enferma.
Tenía miedo. Y ella no corría hacia él.
Corría hacia Julia.
Esa noche, Richard se encerró en su oficina y abrió el historial médico de Luna. Leyó línea por línea, lentamente, como quien descubre que había vivido en una mentira.
Los nombres de los medicamentos. Las dosis. Las recomendaciones.
Por primera vez, no vio esperanza.
Vio una amenaza.
A la mañana siguiente, ordenó que le suspendieran varios medicamentos. Cuando la enfermera le preguntó por qué, no respondió. Julia tampoco recibió ninguna explicación.
Pero notó algo hermoso.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.