Lo que siguió no fueron gritos.
Fue peor.
Una decisión silenciosa.
Richard usó sus contactos, abrió archivos antiguos, buscó historias. Julia rebuscó en foros, artículos de noticias olvidados, testimonios enterrados. Las piezas encajaban con cruel precisión.
Otros niños. Otras familias. Historias silenciadas.
Richard y Julia comprendieron algo que los unía: permanecer en silencio los haría parte del mismo silencio que casi había matado a Luna.
Llevaron el caso a la fiscalía.
Se inició una investigación formal.
Cuando salieron a la luz las conexiones con compañías farmacéuticas y ensayos no autorizados, la historia explotó. Medios. Titulares. Cámaras. Y con la atención llegaron las sombras: artículos que culpaban a Richard de ser un padre ausente, acusaciones que pintaban a Julia como una infiltrada, amenazas anónimas...
Para romperlos.
Richard ardía de ira.
Julia se mantuvo firme.
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