El ajo es uno de los ingredientes más antiguos y valorados en la cocina y en la tradición natural. Presente en casi todos los hogares, este pequeño bulbo blanco esconde un gran potencial que va mucho más allá de dar sabor a las comidas. Incorporar el ajo como un hábito diario, de forma sencilla y consciente, puede convertirse en una práctica natural que sorprende por sus múltiples beneficios y su facilidad de uso.
Desde tiempos ancestrales, el ajo ha sido apreciado por su contenido en compuestos naturales como la alicina, responsable de su aroma característico y de muchas de sus propiedades. Además, aporta vitaminas del grupo B, vitamina C, minerales como el selenio y antioxidantes que ayudan a proteger al organismo frente al desgaste diario. Por esta razón, muchas culturas lo han integrado tanto en la alimentación como en preparaciones caseras.
Preparación básica de ajo crudo
Ingredientes:
1 diente de ajo fresco
Agua (opcional)
Modo de uso:
Pela el diente de ajo y pícalo finamente o aplástalo ligeramente. Déjalo reposar de 5 a 10 minutos para activar sus compuestos naturales. Puedes consumirlo en ayunas acompañado de un vaso de agua, o mezclarlo con un poco de comida si su sabor resulta fuerte. Este hábito simple es uno de los más conocidos y utilizados.
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