—Veo que les ha ido bastante bien —dijo, recorriendo la sala con la mirada.
Valeria fue directa:
—Diga lo que quiere y váyase.
El abogado dio un paso al frente.
—Mi clienta solicita una compensación de mil millones de pesos. De lo contrario, ejercerá acciones legales por abandono emocional y daño moral, además de acudir a los medios de comunicación.
Camila soltó una risa breve.
—¿Abandono? ¿De quién hacia quién?
Marisol apretó los labios.
—Soy su madre. Las traje al mundo. Eso no pueden negarlo.
Sofía habló con voz suave, pero firme:
—Traer al mundo no es lo mismo que criar.
El silencio se volvió espeso.
Don Rafael seguía sentado. Sus manos, aún fuertes pese a los años, descansaban sobre sus rodillas. No temblaban.
Valeria tomó un control remoto y encendió la pantalla gigante del salón.
Aparecieron documentos.
Firmas.
Fechas.
Registros notariales.
—El día que se fue —dijo Camila— no solo dejó una nota. Firmó ante notario la renuncia total a la patria potestad a cambio de una suma de dinero que necesitaba para irse con otro hombre.
Marisol palideció.
—Eso no es asunto suyo.
—Claro que lo es —respondió Sofía—. Porque ese documento establece que usted renunció voluntariamente a cualquier derecho presente y futuro.
El abogado carraspeó.
—Aun así, existen figuras legales…
Camila lo interrumpió:
—También existen antecedentes penales por fraude. Dos procesos abiertos. Un historial de deudas que convenientemente intenta saldar hoy.
Valeria se acercó un paso.
—No vino por amor. Vino porque estamos en la lista Forbes.
Las palabras cayeron como piedra.
Marisol perdió por primera vez la compostura.
—¡Yo también sufrí! ¡Ustedes no saben lo que es vivir con carencias!
Entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Don Rafael se levantó.
No gritó.
No señaló.
No acusó.
Solo caminó hasta quedar frente a ella.
—Tienes razón —dijo con calma—. Ellas no saben lo que es vivir con carencias. Porque yo me encargué de que no las sintieran.
Marisol abrió la boca, pero no encontró respuesta.
Rafael continuó:
—¿Recuerdas la noche que Sofía tuvo fiebre de 40 grados? No estabas. ¿Recuerdas cuando Camila ganó su primera medalla en matemáticas? No estabas. ¿Recuerdas cuando Valeria me dijo que quería dejar la universidad para ayudarme porque no alcanzaba el dinero? Tampoco estabas.
Cada palabra era tranquila. Pero pesada.
—No te juzgué cuando te fuiste. Pensé que quizá eras demasiado joven. Que el miedo pudo más que el amor. Pero volver 30 años después para chantajearlas… eso sí lo elijo juzgar.
Marisol dio un paso atrás.
—Yo solo quiero lo que me corresponde.
Valeria respondió:
—Lo que corresponde se gana.
Camila añadió:
—Y se construye.
Sofía concluyó:
—Como un mueble bien hecho.
Rafael miró a sus hijas. Orgullo puro.
Luego volvió la mirada hacia Marisol.
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